Pilar Enciso y Lauro Olmo

Familia de Lauro Olmo y Pilar Enciso

La épica resistencia de Lauro Olmo y Pilar Enciso

Una sociedad que deja que personas como Pilar Enciso y Lauro Olmo caigan en el olvido es posiblemente una sociedad memoricida que ha elegido el sometimiento egoísta como respuesta.

Piquetes de la codicia, / ¿qué fuisteis a desahuciar? / Si nuestros hijos reían, / ahora ya saben llorar; / si nuestros hijos hablaban, / ahora ya saben callar

Corría el año 1972. La acción transcurre en el centro de Madrid. Concretamente en Argüelles, entre las calles Princesa y Alberto Aguilera, una inmobiliaria quiere arrancar de cuajo un barrio, reducirlo a la nada para continuar su victorioso camino de especulación.
Hablamos del desaparecido barrio de Pozas. Justo en el enclave que ahora ocupa el edificio de El Corte Inglés de Princesa.

Tras arduas negociaciones los vecinos acaban abandonando el barrio. Sin embargo ocurre algo inesperado, un escollo imprevisto, una familia dice que NO, que se niegan a ser desalojados y aceptar las condiciones que les imponen.

Su NO es firme y rotundo en el tiempo, no van a transigir, de su casa no les mueven con su consentimiento.

Ante esa tesitura atípica, un último edificio resiste en pie ante la maquinaria de demolición. Erguido como un solitario faro emitiendo dignidad. En adelante, doce meses rodeados de los escombros de los edificios demolidos, sin agua ni luz, recibiendo presiones de todo tipo. Pero allí seguían.


Una pareja, sus dos hijos y esa explícita determinación de los valientes, la potencia expansiva de los que se la juegan de verdad. Tuvieron que pasar doce meses hasta que derribaron la última frontera de la puerta de su casa. Pacíficamente y con la cabeza muy alta abandonaron el edificio.


En los aledaños se reunían amigos gritando sus nombres, antiguos vecinos, corresponsales de periódicos de todo el mundo, sabedores todos del tamaño de su hazaña. No son héroes vencidos. Claro que ganaron y en estos tiempos de gentrificación, desahucios y especulación salvaje su historia debería resonar más que nunca.


Lauro Olmo y Pilar Enciso, ambos dramaturgos, decidieron vivir con dignidad, solidaridad, apoyo a la gente humilde, una conducta social combativa desde un ejemplo vital arrebatador. 


Una sociedad que deja que personas como Pilar Enciso y Lauro Olmo caigan en el olvido es posiblemente una sociedad memoricida que ha elegido el sometimiento egoísta como respuesta.


“Piquetes de la codicia, / ¿qué fuisteis a desahuciar? / Si nuestros hijos reían, / ahora ya saben llorar; / si nuestros hijos hablaban, / ahora ya saben callar”.

Leía Lauro Olmo en la plaza Mayor durante el transcurso de un certamen poético, mientras lo hacía ‘misteriosamente’ se cortaba el fluido eléctrico.