The Virtues

The Virtues

Los pasados rotos de The Virtues

The Virtues es una historia de desastres acumulados y perentorias redenciones para volver a empezar. Las acometidas de unos recuerdos abrumadores truncando cualquier resquicio de avance.

Estamos ante el relato descarnado de un pasado que destruye a cada paso las posibilidades de un presente digno

En plena avalancha de series y productos audiovisuales de plataformas de streaming cada vez es más difícil cruzarte con algo que te rompa los esquemas y te afecte más allá del próximo minuto. Algo que consigas creerte y haga tambalear los cimientos de tu sistema nervioso autónomo.

La búsqueda de algo que no sea un mero pasatiempo o un pasajero hype es una tarea digna del más vehemente de los buscadores de tesoros. Las series por visionar se nos acumulan en una lista de deberes que no para de crecer. Como resultado de esa oferta desorbitada terminaremos por consumir algunas de ellas pero si nos preguntan pasado un tiempo apenas recordaremos nada que no sea la perplejidad de unos recuerdos inconexos.

Al capitalismo le funciona demasiado bien ese desarraigo apático que mantenemos con lo que consumimos y que incita a seguir consumiendo.

Con The Virtues la sensación de estar ante algo distinto será rápida. La brutal miniserie británica está distribuida en dosis de 4 capítulos de aproximadamente una hora en los que deberás ajustar la posología para no sufrir deletéreos efectos secundarios. Porque para que eso ocurra lo único que necesitas tal vez sea una sola cosa: empatía. Poco más que eso.

Los primeros minutos son una inmersión etílica y vertiginosa en la cabeza de Joseph. Un hombre destruido anímicamente, derrotado mil veces en el campo de batalla de su cabeza y en constante búsqueda de redención. Ruina y construcción que fluctúan entre la errancia ensimismada y la determinación más letal.

Estamos ante el relato descarnado de un pasado que destruye a cada paso las posibilidades de un presente digno. Un pesado anclaje que a base de intentar esquivar hunde siempre un poco más.

La pantalla se convierte en una ventana de verdad lacerante de un hombre destruido por las entrañas de su irreversible biografía. Una historia de desastres acumulados y perentorias redenciones para volver a empezar. Las acometidas de unos recuerdos abrumadores truncando cualquier resquicio de avance.

El director británico Shane Meadows nos propina un certero puñetazo en la boca del estómago con una propuesta personalísima. Un golpe seco de devastación emocional que desestabiliza el músculo cardíaco y dispara nuestros niveles de conexión enfrentándonos a un drama que desprende una crudeza sin paliativos. En la pantalla sucediendo algo sencillamente cierto como todas aquellas cosas que sudan verdad y anulan al escepticismo del espectador sin posibilidad de refutación.