David Delfín: «La poesía es mi forma de estar en el día a día»

Oqueruela Tékne (Maclein y Parker, 2026) de David Delfín es un libro de imaginación pletórica; un poemario en prosa que concibe un elocuente diálogo entre el ser humano actual y su turbulenta intersección con lo tecnológico; para ello, el poeta, utiliza una combinación de registros, intertextualidades y hallazgos expresivos que nos acercan otros sugerentes marcos de realidad.

Desconexión Aleph y parodia kafkiana sobre un pensar dentro de un organismo que no es el suyo y del que no puede salir: reversibles los ecos del pasado en Proust, del hoy en Joyce, de los mitos en Mann. Llamada entrante. El nombre de Vila-Matas iluminado. 

*Fragmento del libro.

Qué amable. Muchas gracias. Tras concluir mi libro anterior, Equívocos Árboles Caligrafías Personas (Maclein y Parker, 2022), su último poema, «Personas», me impulsó a preguntarme acerca de mi identidad personal y colectiva, una de las claves en torno a las que gira Oqueruela Tékne: la del individuo interior, fruto de lo vivido, y la de aquel que se encuentra inmerso en la experiencia envolvente de la globalización tecnológica actual, de la que parece imposible escapar. El libro surgió de la confrontación entre ambas inquietudes.

«Siente el pensamiento, piensa el sentimiento», decía también Unamuno, retomando a fray Luis de León. Mi voz poética actual es el resultado de una larga evolución que ha ido perfilándose con cada libro, desde los años noventa hasta hoy. Supongo que ya no sabría escribir de otro modo, aunque siempre hay margen de mejora.

Por lo general, escribo la primera versión de un poema de una sola vez, mientras exploro las palabras, sus significados y las imágenes que van apareciendo, entre recuerdos y conocimientos. Después dejo reposar lo escrito y, pasado un tiempo, vuelvo sobre ello: compruebo si funciona, si pervive la magia inicial, y reviso el poema atendiendo al tema, al tono, al sonido y a los demás elementos que lo conforman. No sabría decir si este procedimiento es natural, pero sí que, con los años, ha ido surgiendo de una manera cada vez más fluida y serena.

no ofrecer una visión uniforme de la realidad

Con los años he ido forjando un procedimiento basado en cuadernos donde anoto todo aquello que me llega: una idea, una reflexión, un verso, recortes de prensa o apuntes sobre libros que he leído. También dibujo numerosos diagramas con la sucesión de hechos que, unas veces sí y otras no, me sirven para desarrollar el poema: el principio y el final, los engarces entre unos temas y otros, etcétera. En esos cuadernos está mi guion para la escritura.

Durante el tiempo previo a la escritura de Oqueruela Tékne leí, con especial atención y entre muchos otros libros, los ensayos de Javier Gomá, en particular su Tetralogía de la ejemplaridad, además de Teoría general de la basura y La forma de la multitud, de Agustín Fernández Mallo.

Y durante las dos semanas inmediatamente anteriores a escribir la versión definitiva del libro-poema, me alumbró de un modo especial la obra Circular 22 de Vicente Luis Mora. Los fragmentos que conforman un visión totalizadora de la realidad, base de mi obra desde Anticuerpos [2016] hasta hoy.

En el más interesante: aquel en el que las distintas piezas comienzan a encajar y se empieza a vislumbrar un resultado que cada uno de nosotros imagina de manera complementaria. A ello hay que sumar la enorme velocidad de los acontecimientos: casi a diario, las nuevas tecnologías muestran capacidades cada vez mayores, aplicables a todos los ámbitos.

Como es sabido, a los poetas nos pagan un jornal los primeros días de cada mes para que formulemos preguntas, no para que ofrezcamos respuestas. Jeje. Una de las que plantea el libro es qué tipo de sujeto emergerá de una simbiosis entre lo humano y lo tecnológico.

La poesía es mi forma de estar en el día a día, un lugar de encuentro entre lo real y lo que no lo es, entre un problema y su posible solución, entre una información y su utilidad, entre una idea y su aplicación práctica. Es la poesía la que me proporciona esa forma de mirar cuyo resultado es el espacio al que se refiere Vicente: un lugar en el que las cosas muestran una dimensión inédita, al menos para mí.

Si, además, esa mirada conduce al lector hacia otras asociaciones, le permite descubrir perspectivas diferentes o cuestionar aquello que parecía evidente, la poesía habrá contribuido a ampliar su manera de comprender el mundo. Quizá ahí resida una de sus posibilidades más interesantes: no ofrecer una visión uniforme de la realidad, sino abrir caminos para que cada cual complemente la suya.

No sabemos si la realidad es real o fantástica, escribió el poeta argentino, a quien nunca me atrevería a contradecir. Tampoco sabemos, añadía, si el universo pertenece al género realista o al fantástico.

En cuanto a esos encuentros, como el que señalas en el verso citado, soy más consciente de ellos cuando alguien los destaca que en el momento de escribirlos. Cuando los lectores se detienen en determinados pasajes y los comparten, por ejemplo, en las redes sociales porque les han impresionado, a menudo soy el primer sorprendido. Quizá se deba a que, como autor, mi visión del libro es más de conjunto y no siempre alcanzo a percibir qué hallazgos pueden adquirir una vida propia en la lectura de los demás.

Soy poeta todo el tiempo. No lo puedo evitar y confío en que no sea malo para la salud. Cuando era joven, ocultaba este modo de proceder en mi entorno laboral. Ahora justifico determinados logros y maneras de actuar afirmando, entre veras y bromas, que no se deben a mi experiencia o a mis conocimientos, sino a que soy poeta. Y lo creo firmemente.

No nos queda otra. La perfección absoluta no existe y debemos conformarnos con mirarnos en el espejo e imitar esas pequeñas felicidades que hemos construido a nuestro alrededor. Es la única forma sensata de permanecer en la sociedad-laberinto por la que nos ha tocado transitar.

Otra de las preguntas que se deslizan en el libro es para qué servirá la ficción —la poesía, el arte en general— en el futuro de la tékne-IA, si se me permite la alusión, cuando lleguemos a considerar la inteligencia artificial un modelo indiscutible de perfección.

En una viñeta que recuerdo de Forges, las figuras evolutivas del ser humano avanzaban desde el Homo erectus, hace dos millones de años, hasta el actual, al que denominaba Homo tontocúlus. Este último caminaba en sentido contrario al de la evolución, sin saber muy bien adónde iba y con un móvil en la mano. La imagen sigue siendo una buena invitación a preguntarnos qué entendemos por progreso y qué lugar quedará para lo humano en ese camino.

En modo reposo: lecturas y apuntes. En modo disfrute, dejarme llevar por todo lo bueno que Oqueruela Tékne quiera depararme, como esta conversación.


David Delfín (Málaga, 1968). Finalista del Premio Adonais en 1999 con Triduo, ha publicado, entre otros libros de poesía, Anticuerpos (2016), Equívocos Árboles Caligrafías Personas (Maclein y Parker, 2022), Fermat’s Night (2023) y Oqueruela Tékne (2026). Su obra ha sido recogida en numerosas antologías desde 1998, entre las que destacan Poesía andaluza en libertad. Una aproximación antológica a los poetas andaluces del último cuarto de siglo (2001), Del paraíso a la palabra. Poetas malagueños del último medio siglo (1952–2002) (2003) y Campo Abierto. Antología del poema en prosa en España (1990–2005) (DVD Poesía, 2006).

*Lázaro Santano, lector editorial, psicólogo y psicoterapeuta.