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ser gato edgar borges
Ilustración-Fría-Aguilar

La obra narrativa de Edgar Borges desobedece a cualquier tipo de mandato dominante, no está concebida para adecuarse y encajar en la corriente más ventajosa del momento. Su literatura es otra cosa, otro río muy distinto. Una inventiva que desbroza y desafía a lo consensuado como realidad única. Realidad que es impugnada, traspasada hasta el hueso central para propiciar ser repensada bajo otros niveles de análisis previamente inobservados: «Regresar a paso lento para conocer las otras variables del camino».

En Ser gato (Altamarea ediciones, 2021) un hombre observa a un gato y ahí se produce una colisión de sentido. Una expectativa nueva.

¿Prisionero de algo infranqueable que enclaustra en unos límites sólidos y estrictos, o de una percepción manipulada? En todo caso, un ser humano encerrado también es alguien que siempre está en el quicio de la posibilidad de una huida. Para huir, está claro, primero hay que imaginarlo. La imaginación aquí es un reducto, llave, resorte, hacha. Tal vez sea, la única salida. Ser gato es la alegoría de una fuga. Una obra lírica que confronta lo humano a través de lo felino. La frágil existencia del individuo vapuleado por el gran mercado del mundo que imagina la cáscara que se rompe para poder ser inicio.

Te sales del cuadro y te marcan nuevas líneas; aprendes a saltar y te dibujan una cárcel.

En El peso del mundo su admirado Peter Handke escribía: «Insistir en la contemplación, aplazar la opinión hasta que nazca la gravedad de una sensación vital». Observar sigilosamente hasta que nazca un desvío, un reactivo, un desdoblamiento para el salto final. Ser gato, ser gato.

*El libro está acompañado por las evocadoras ilustraciones de Fría Aguilar, ventanas que profundizan en la dimensión y en la multiplicidad de lecturas del texto.