Edgar Borges: «Participar en la fábrica que produce argumentos masivos es algo que no me mueve»

Edgar Borges siempre se ha caracterizado por una visión literaria filosófica, autónoma y contraria a los lugares comunes; Figuras (Trampa ediciones, 2023) es su última novela; en ella, Enrico —personaje principal—, un hombre inaudito vestido de cartero y descreído de la realidad obstruida, ha inventado una manera de saltar para sortear lo inmutable y entregar un lote de cartas a una joven interna.

«Duele atravesar paredes, uno se pone enfermo de eso, pero es imprescindible».

Respuesta: Es premeditado el interés de crear personajes que tienen alterada la mirada, la perspectiva o el sentido de la ubicación. Los descolocados tienen más posibilidades de conseguir la verdadera dirección. Estas alteraciones vienen a representar una indisciplina ante la uniformidad de la mayoría. La otra arquitectura, la tercera opción, aquella que no te dan a escoger porque eres tú quien la puede diseñar. El contrapeso a la mirada adoctrinada, por ejemplo, vendría a ser la mirada trastocada. En mis novelas estos síntomas los tienen personajes abstraídos, ingenuos, carentes de velocidad. Sujetos que no saben ir al ritmo de la vorágine dominante. Sin embargo, a la hora de escribir me interesa dejar fluir la fuerza salvaje de la idea. Literatura como pesca del sentido primitivo. Necesito que la imaginación no se deje arrastrar por el peso de la experiencia. El resultado del libro para mí es determinante que no obedezca a fórmulas de fábrica. Me niego a aceptar que la única literatura posible es aquella que cuenta una historia circular, pues, ni la vida lo es y mucho menos la ficción. Tampoco me interesa la literatura que convalida la realidad existente. El realismo será otra cosa pero no literatura. La literatura no puede tener la mirada recta, no es posible. Su mirada siempre contradice las formas tal y como son enseñadas. Participar en la fábrica que produce argumentos masivos es algo que no me mueve. 

El lector que no hace concesiones es tan importante como el escritor que inventa mundos

R: Implica vaciar lo humano, apagar el fuego que permite que la vida sea algo más que obedecer. Prescindir de la imaginación es tan nocivo como adoctrinarla. La diferencia entre arte y producto es que lo primero conmociona y lo segundo moldea. 

R: No suelo pensar en el lector mientras escribo. Una vez creado el libro me interesa llegar al lado inconforme de cualquier ser humano. El lector que no hace concesiones es tan importante como el escritor que inventa mundos. 

R: El guardián de los espacios podría ser cualquier individuo. Un día alguien aprende a vigilar el espacio y el tiempo de los demás y así, casi sin saberlo, se convierte en el custodio de intereses invisibles. Federica sería la fuerza femenina controlada, manipulada, contenida; de ahí que en la novela se diga que en otro tiempo ella sabía volar. Mientras que Enrico podría ser la fragilidad de lo masculino. El hombrecillo (como le dicen en la historia) que no aprendió los parámetros inculcados al hombre. En Figuras los personajes han sido educados para ver paredes y muros que no existen. Después de todo, los muros invisibles podrían ser las cárceles del siglo XXI. 

R: Es probable que sería arrollado por la dinámica efectista actual. Enrico necesita saltar las casillas con lentitud y estilo; para él es básico transformar las líneas rectas de la realidad, implosionar la suma de los puntos y crear otras formas. Sin dudas, le sería difícil adaptarse a la sociedad de los absolutismos donde un punto es un punto y una línea recta es una línea recta. 

R: Me lo imagino pasándola muy bien leyendo los libros de Thomas Bernhard

R: Inconveniente no veo si tienes asumido que, como escritor, no quieres ni necesitas participar en una serie de espejismos que nada tienen que ver con la literatura. Ahora, si te consideras independiente solo porque no has tocado el poder, vivirás en batalla permanente con tus verdaderas convicciones. 

R: Estoy de acuerdo con Chirbes. El escritor que sale de los márgenes es porque ha atendido el llamado del poder. 

R: Cambiaría la ecuación. Quienes pretenden darle utilidad al arte es porque están conscientes del enorme poder transformador que tiene su inutilidad.

*La fotografía del autor es de José Luis Roca.

*Lázaro Santano, lector editorial y psicólogo/psicoterapeuta online.