José Alejandro Adamuz: «La escritura fija solo una de las muchas versiones de la experiencia»

«Somos los narradores de nuestras propias vidas y en esa narración empleamos todas las trampas de la literatura».

*Fragmento del libro.

Prefiero asumir que la vida es incertidumbre y no acomodarme en una falsa seguridad. ¿O acaso alguien se imaginó acorralado en su casa por un virus? El viaje no es más que asumir que igual no logras lo que te propones, que tal vez se cruce alguien en el camino que cambie algo de tu vida anterior. Te diría que sentí mucho más vértigo al decidir dedicarme a escribir que al tomar la decisión de irme de viaje por Latinoamérica sin billete de vuelta. Como dices, Una vida posible es un libro de viajes y es un ensayo. Me pregunté más de una vez si ese era un objetivo demasiado ambicioso y si podría alcanzarlo. En definitiva, también digo que escribir es cruzar mares ignotos en los que es posible naufragar. De hecho, lo más habitual es el naufragio.

Los libros de Sebald muestran un tipo de viaje muy diferente al que se ha impuesto con el turismo masificado de las low cost, un viaje en el que el trayecto es lo importante

¡Gracias por el cumplido! Y, sí, por supuesto… Es que hay que ser honesto, ¿no? Y para que un libro sea posible antes han tenido que ser posibles otros muchos. Toda escritura es deudora igual que todo viaje nace de otros viajes anteriores. Y no hay nada malo en mostrar esa deuda. Creo que evidenciarlo amplifica las diferentes lecturas posibles que tiene el libro o el viaje o la vida.

Es un intento abocado al fracaso. La escritura, en todo caso, fija solo una de las muchas versiones de la experiencia. Este libro, por ejemplo, podía haber sido diferente, podía haber contado otras historias, otras vivencias, podían haber aparecido otros autores y autoras. Sólo escogí aquello del viaje que me pareció útil para explicar el origen de unas cuantas vidas posibles. El resto de lo vivido irá mutando entre el olvido y el recuerdo, y es mejor que así sea.

Es que sin subjetividad no habría visión del mundo. Esa es una de las principales virtudes del viaje, el evidenciar que todos tenemos nuestra propia lectura de la realidad. Al viajar, sales del nicho social y familiar en el que la vida nunca se cuestiona. Es entonces cuando te das cuenta de que el mundo es el resultado de una multiplicidad de subjetividades que están obligadas a complementarse. Ahí surge el cuestionamiento. Ahí pasa algo que te hace cambiar. Sin ese cambio, el viaje solo es pasatiempo.

Creo que National Geographic es también un espacio mítico, ¿no? En todo caso, no hay mucha diferencia en cuanto a cómo afronto la escritura de un artículo o de un libro: siempre lo hago con ambición y con honestidad. Creo que estamos obligados a intentar aportar algo novedoso, no clonar, que todo texto esté cruzado por una potencia inspiradora que lo defina. Lo que sí ocurre en el periodismo a diferencia de la literatura es que los autores se deben a una línea editorial y de estilo que puede hacer que el espacio de creatividad sea más o menos reducido a la hora de afrontar un artículo.

Como cuento en el libro, sin archivo no hay viaje. Que se lo digan a Darwin, por ejemplo, que volvió del Beagle con suficiente material y apuntes como para entretenerse el resto de su vida sedentaria. Lo que pasa es que en nuestro tiempo el archivo se ha desbordado en muchos formatos digitales. De todas formas, el siglo XXI tiene sus propios retos. Y me gusta que hables de Sebald porque lleva a autores como Kafka, Borges o Nabokov -lo que te comentaba antes de que la literatura es deudora siempre a alcanzar el siglo XXI. Los libros de Sebald muestran un tipo de viaje muy diferente al que se ha impuesto con el turismo masificado de las low cost, un viaje en el que el trayecto es lo importante. Lo interesante en sus libros son las conexiones, cómo transita los márgenes del paisaje, las lecturas que hace de los distintos estratos de la historia. Pienso en mi admirado Hilario J. Rodríguez, por ejemplo. Es que él cuando viaja y comparte su viaje en las redes sociales es uno de esos personajes errabundos que comentas de Sebald. Y eso se nota luego en sus libros.

Me he dado cuenta que desde que comenzó mi vida lectora he esperado siempre algún tipo de revelación en los libros, ya sea con Julio Verne o con Bukowski, jajaja… Busco ese tipo de historias de las que no sales igual que cuando entras, esas historias que hacen de la lectura un viaje. Por ejemplo, Moby Dick. También me asomo a libros anticipatorios como Las torres del olvido, que he vuelto a leer recientemente. Autores como J. G. Ballard, capaces de viajar al futuro y volver al presente para contárnoslo. Últimamente me he volcado más en libros que me devuelven la naturaleza perdida, algunas historias de Miguel Delibes, por ejemplo. Viejas historias de Castilla la Vieja me parece algo muy hermoso… Me gusta mucho lo que está haciendo Gabi Martínez. Su último libro, Delta, es un híbrido de naturaleza, viaje, crónica y ensayo autobiográfico muy interesante. De todas formas, confieso que ahora mismo, entre el trabajo, mis hijas y la familia tengo mucho menos tiempo que dedicar a la lectura. Y es algo que me atormenta.

Como te decía, tengo poco tiempo y, además, últimamente estoy siempre en las nubes…

*Lázaro Santano, lector editorial, psicólogo y psicoterapeuta.