Una jaula salió en busca de un pájaro: Diez historias kafkianas

En el mundo invertido de Franz Kafka, la culpa precede al pecado y el castigo precede al juicio, de modo que, como es natural, la jaula precede al pájaro.

Becca Rothfeld en el prólogo

Kafka aconsejaba la paciencia por encima de casi cualquier cosa; quédate callado y el mundo se te aparecerá para que lo desenmascares, decía. Yo no sé si tenía razón, tampoco importa, Kafka emprendió una poética en clave irónica que desalojaba del texto la lógica facilona, dotando de una mayor importancia a la sutileza y la revelación disimulada que va fraguándose en lo más subterráneo de la anómala normalidad.

las máquinas dijeron: lo sentimos, no hay nadie disponible para responder a su llamada ahora mismo (Naomi Alderman en El timbre de Dios)

A lo que vamos, el genio praguense fundó una tradición, y con ella, adquirimos una deuda invaluable a lo largo de los siglos; por eso —y por su diversificada calidad literaria— se antojan necesarios libros como Una jaula salió en busca de un pájaro: Diez historias kafkianas (Mutatis Mutandis, 2024); una antología de relatos de diez excelentes narradores de la contemporaneidad y su doble filo: Ali Smith, Joshua Cohen, Charlie Kaufman, Elif Batuman, Yiyun Li, Naomi Alderman, Tommy Orange, Helen Oyeyemi, Keith Ridgway y Leone Ross.

En estos relatos, se fusionan algunas pesadillescas situaciones actuales con la intemporalidad interpretativa de la raigambre kafkiana, cumpliendo con aquella definición que hacía Italo Calvino de los clásicos, como esos textos que nunca terminan de decir todo lo que pueden decir: hay laberintos cotidianos, distopías normalizadoras, tecnologías que encumbran nuevos marcos de insensatez, protocolos y humillaciones en entornos poco deseables y ya masivos, etc. Narrativas muy oportunas, a caballo de nuestra desorientación y el vislumbre de un futuro inasible transformándose a ritmo incalculable por la IA.

El libro es, también, una interesante reivindicación de la traducción humana —suena muy raro, pero empieza a resultar quizá pertinente nombrarlo— frente al ascenso, muchas veces, deshumanizante de la IA. Cito las palabras de la editorial:

«Hemos querido que este volumen sea también un homenaje al kafkiano oficio de traductor en tiempos de IA. Han participado los traductores habituales de los autores en la colección de relatos, la relación entre las nuevas tecnologías y los seres humanos es una temática recurrente en la obra».

Traducen: Inga Pellisa, Magdalena Palmer, Javier Calvo, Marta-Íngrid Rebón, Ana Guelbenzu, Julia Osuna, María Belmonte, Eduardo Iriarte, Laura Martín de Dios, Eugenia Vázquez y Ce Santiago.

Otro aspecto a destacar del libro, y como ya nos tienen acostumbrados —y esa es otra ‘venganza’ en marcha contra la IA— en Mutatis Mutandis, es el cuidadoso y brillante diseño gráfico a cargo de Julio Fuentes.

En conclusión, un libro muy recomendable, estilísticamente desafiante y exento de ingenuidad, y, aunque la literatura no tiene por qué ser solucionadora ni ejemplificante de ningún momento histórico, el goce durante su lectura, contrarresta, desde distintos puntos de vista, cierta inhibición semántica general para tratar de referirnos sin ambages al chocante y perplejo mundo de hoy, y eso no es poco.

*Lázaro Santano, lector editorial, psicólogo y psicoterapeuta.