Navidades negras de Bob Clark

Navidad, amarga navidad, varios autores

El planteamiento de un libro colectivo como Navidad, amarga Navidad: El cine que papá Noel no quiere que veas (Applehead Team, 2023) nació de una constatación y de dos preguntas. Después, los cinco autores que lo hemos escrito (quien teclea las presentes líneas aportando tan solo, como coordinador del proyecto, el prólogo y el epílogo) hemos llegado a dos conclusiones sorpresivas, mientras que las respuestas que hemos dado a las dos preguntas despejan en buena medida las incógnitas planteadas. La constatación inicial: de igual manera que lo había sido antes la literatura (con Canción de Navidad, de Charles Dickens, a la cabeza), existe y seguirá existiendo un cine navideño que ejerce de agente fijador y propagador de las fiestas de finales de año. La primera pregunta era: ¿existe un cine de signo contrario, un cine, llamémosle, «antinavideño»? Se respondía con facilidad: sí, claramente hay películas que se mueven por terrenos más turbios y menos ensalzadores, que intentan armar un discurso crítico y menos cómodo con lo que sucede en una época donde parece que a la fuerza deben imperar la bondad, los buenos sentimientos y un «todo está bien». Pero la segunda pregunta conducía hacia un discurso más complejo: esas obras cinematográficas a la contra, ¿lo son de veras? Algunas sí y algunas no. La contestación larga se desgrana a lo largo de las páginas del libro.

Respecto a las dos conclusiones, muy llamativas ambas, que surgieron durante esta investigación colectiva, una es que hemos encontrado un gran número de películas en nuestro estudio que, en principio, no serían del gusto de Papá Noel (ni de los Reyes Magos tampoco) y, efectivamente, transcurren en Navidades, una circunstancia que, más a menudo de lo que pensamos, el público suele olvidar. Un ejemplo muy significativo: Acorralado, el primer filme de John Rambo. La otra es que se detectan cuatro campos temáticos razonablemente delimitados en los que podemos agrupar una larga serie de títulos. Existen, entonces, una corriente navideña en el slasher, un gusto por la Navidad desde la óptica de la fantasía oscura, un cine de acción de finales de año y una tendencia hacia las sátiras malévolas contra la forzada positividad que da sentido a las reuniones de Nochebuena o Nochevieja.

Daniel Rodríguez Sánchez, el experto en el cine de terror conocido en la podcastfera como Reverendo Wilson, desvela que las películas de asesinos que se dedican hacer cuarto y mitad de un grupo de amigos adolescentes, un subgénero que, aunque causó especialmente furor en los años setenta y ochenta, resurge cada cierto tiempo como el Guadiana, tuvieron en Navidades Negras (1974), del director Bob Clark, su piedra fundacional cuatro años antes que La noche de Halloween, la originadora según muchos críticos e historiadores de cine. Entre los filmes que vinieron después poniendo a actuar a su matarife en las tan señaladas fechas (si era disfrazado de Santa Claus, mejor que mejor), destaca asimismo Noche de paz, noche de muerte (1984), cuyo estreno generó polémica. Varios grupos conservadores y asociaciones de padres promovieron en Estados Unidos una campaña contra el largometraje, manifestándose con niños en las puertas de los cines mientras cantaban villancicos y exhibían pancartas con las frases Save Santa o We Love Santa.

Si consideramos que estas festividades poseen una fuerte característica mágica o abiertamente sobrenatural (¡hay renos que vuelan!), amén de una mitología y una ambientación invernal muy marcadas, es lógico que muchos artistas y narradores hayan mostrado interés por rastrear su lado más oscuro. Si hay luz, seguro que también hay sombras. A esta conclusión llega Cristina Aparicio, crítica en medios como Caimán Cuadernos de Cine y Jotdown, quien efectúa un concienzudo repaso por los siniestros desvelos navideños de autores como Tim Burton o Terry Gilliam, analiza películas en clave fantástica con un importante componente inquietante (Gremlins, Ana y el apocalipsis, The Children, Krampus: Maldita Navidad…) y señala las mejores propuestas catódicas sobre el tema. Al final, la autora se plantea si, a pesar de los intentos de dinamitar las Navidades, incluso con cargas de profundidad ácidas y transgresoras, poblándola de espíritus o monstruos, la energía positiva que irradian estas fiestas es incombustible. Hasta en los contextos más distópicos y catastrofistas: quizás el ser humano deje de existir, pero las Navidades siempre seguirán ahí.

Junto a la ya mencionada Acorralado, dos referencias archiconocidas para los amantes de la adrenalina, Arma letal y La jungla de cristal, le sirven a Pedro José Tena, uno de los fundadores de la editorial Applehead Team, para articular un discurso a cuenta de balaceras y explosiones que aportan una melodía diferente a la de los dulces villancicos. Ante la extrañeza que, así de primeras, pudiera suscitar la combinación «acción más Navidad», Tena se encarga de señalar que, en realidad, se trata de elementos muy complementarios desde el momento en que hablamos de relatos dicotómicos sobre el bien y el mal, la protección y las amenazas, los héroes y los villanos; es decir elementos que se acoplan a la perfección en unos escenarios hogareños donde se pretende propiciar la felicidad y la paz, y por eso deben ser preservados.

No podían faltar las comedias y sátiras, terrenos fértiles para la irreverencia. He aquí, sin embargo, todo un espejismo. O al menos así lo considera el periodista cultural de El País Jaime Lorite, quien se las ha visto y deseado para encontrar, según su opinión, películas que no acabaran diluyendo su potencial vitriólico según avanza el metraje. Para el autor, el ejemplo más paradigmático es El Grinch, el cuento del Dr. Seuss llevado tres veces a la pantalla, protagonizado por un bicho antipático que es capaz de raptar a Papá Noel pero, al acabar la historia, termina trinchando el pavo con todos. Haciendo gala de una gran agudeza y capacidad para saltar de autores y referencias muy diversas entre sí, Lorite logra cartografiar con gran consistencia el fenómeno, señalando dónde está la acidez y dónde el paripé.

Navidad, amarga Navidad concluye con un juego dickensiano a modo de epílogo-escoba que recoge una serie de títulos que se saldrían de los cuatro campos temáticos especificados en el volumen, aunque sus protagonistas lo pasan realmente mal a finales de diciembre. Se rescatan, por ejemplo, una película olvidada de cine negro clásico (Luz en el alma), un autor español, escritor y cineasta, que merece mucho más reconocimiento (el gran Carlos Pérez Merinero) o, atención, una propuesta prototípica que al final no lo era tanto (Last Christmas). En definitiva, lo que pone de relieve este libro sobre cine es que ha existido desde siempre una pulsión por meter el dedo en el ojo de las fiestas o, al menos, por establecer un contraste señalando el mal dentro de un contexto creado para fomentar el bien. La cuestión es que ese impulsivo instinto a la contra que han exhibido ciertos narradores cinematográficos ha tenido resultados desiguales. Mientras que unos cuantos han perdido fuelle por el camino (quizás no por haber partido de la insinceridad, sino porque en ellos ha acabado pesando una propensión positiva o solo se han contentado con ser rebeldes durante un rato), otros, por fortuna, han seguido hasta el final con sus historias genuinamente agridulces, ácidas, desagradables y hasta demoledoras.