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Gretel Ehrlich: El consuelo de los espacios abiertos

VOLCANO Libros, una de nuestras editoriales amigas especializada en Literatura y Naturaleza, publicó el pasado  16 de junio El consuelo de los espacios abiertos, de la escritora estadounidense Gretel Ehlrich, cuya obra permanecía hasta ahora inédita en España.

El consuelo de los espacios abiertos, que se publicó inicialmente en 1985 y recibió el Premio de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, es el primer libro y obra de no ficción más importante de Ehrlich. Esta colección de ensayos cortos sobre la vida rural en Wyoming, comenzó en 1979 como las entradas de un diario que la autora enviaba por correo a una amiga. Así fue durante cinco años, y de forma irregular, hasta quedar reunido y organizado cronológicamente en los doce capítulos que finalmente componen el libro, cada uno de los cuales tiene entidad por sí mismo.

La rudeza de los ranchos se convierte en su hogar y sus toscos habitantes se vuelven conmovedores a sus ojos. Con una prosa de exquisita belleza y una afilada mirada poética, Ehrlich habla sobre ese mundo inhóspito y a la vez acogedor de Wyoming. «Esa tierra árida era una hoja en blanco. Su absoluta indiferencia me apaciguaba». 

Cubierta del libro


Amy Liptrot, autora de En islas extremas  (Volcano Libros, 2017), que ha escrito el prólogo para esta edición, afirma que «el libro está lleno de detalles vívidos y excelentes anécdotas. Hay animales salvajes, rayos que caen, mordeduras de serpiente y huesos rotos. Pero, al igual que en los pastores que retrata, en su escritura hay delicadeza y también rudeza. Contiene detalles minuciosos y atentos. Escribir con tanta intensidad requiere un dominio agudo del oficio».

Aunque se ha etiquetado a Ehrlich como escritora de viajes, Liptrot considera que es más preciso incluir su trabajo en un género más reciente definido como «escritura de los lugares o place writing», señalando que bien podría ser «la descendiente literaria de Emerson, Thoreau y John Muir». «Enseguida coloqué a Ehrlich  –subraya la escritora escocesa– entre mis escritores vivos favoritos, junto a otros nombres que también resultan ser mujeres norteamericanas que escriben sobre temas ambientales: Annie Dillard, Rebecca Solnit y Naomi Klein».

Supongo que el motivo inicial por el que vine a este lugar fue el de «perderme» en nuevos territorios despoblados. En vez de provocar el aletargamiento que yo creía ansiar, la vida de los ranchos de ovejas me despertó. La vitalidad de la gente con la que empecé a trabajar hizo surgir en mí una frescura embriagadora. Tiré la ropa que tenía y me compré otra nueva; me corté el pelo. Esa tierra árida era una hoja en blanco. Su absoluta indiferencia me apaciguaba. 

*Nota de prensa