‘Valle Inquietante’ es la hipótesis planteada en 197o por el profesor experto en robótica Masahiro Mori. En ella se explica cómo, a medida que las copias robóticas antropomórficas se asemejan más a los humanos y se convierten en réplicas indistinguibles casi humanas, empiezan a generar más reacciones de rechazo. Algo parecido a un cortocircuito de la empatía.

«Dependiendo de a quién preguntaras, fue la cúspide, el punto de inflexión o bien el principio del fin de la era de las startups de Silicon Valley; de aquello que los cínicos llamaban una burbuja, los optimistas llamaban el futuro y mis futuros compañeros de trabajo, ebrios de entusiasmo ante la posibilidad de participar en la historia mundial, llamaban, casi sin aliento, el ecosistema.»

Así comienza Valle inquietante (Libros del Asteroide) de Anna Wiener, una expositiva sátira que perfora la cáscara externa de Silicon Valley dejando al descubierto los andamios sin limpiar y su envés menos radiante: el corporativismo, la adicción a la productividad, la falsa meritocracia o la soterrada misoginia; un electrizante y divertido testimonio escrito desde el interior de estos advenedizos emporios económicos que están reconfigurando nuestras vidas.

La autora reconstruye con honestidad algunos de los aprendizajes derivados de su inmersión laboral en el valle de silicio, entre otros, la constatación de que una empresa que cotiza en bolsa y que aspira a todo, no es, no puede ser de ninguna de las maneras posibles, algún tipo de hogar protector o un hábitat que promueva las lealtades o las buenas intenciones. Observa, con sorpresa la rápida proliferación de sugestivas palabras como startup, estrategia, ingresos, capital riesgo, libertad… Ese aconflictivo lenguaje entusiasmado y persuasivo de la tecnoutopía que, a veces, le aproximan a la superstición o a una sospechosa idea de ‘revolución’, aunque esta, sea a expensas de desvalijar lo humano.

Anna Wiener lo cuenta desde el mismo núcleo de ese nuevo poder omnívoro que avanza perfeccionándose sin tener en cuenta el ‘bienestar humano’

Industriales, empresarios, inversores, veinteañeros multimillonarios, la nueva multiélite global infiltrándose y redefiniendo cada habitación de nuestra intimidad, resultando, al cabo, casi inconcebible prescindir de su mediación. Avisaba el tecnólogo Jason Lanier que bastaba con unos cuantos ingenieros para crear una tecnología que moldease el futuro de la experiencia humana y, que antes de que eso ocurriese, habría que mantener una discusión sobre cómo construir una relación más humana con la tecnología.

Anna Wiener lo cuenta desde el mismo núcleo de ese nuevo poder omnívoro que avanza impetuoso mientras se perfecciona sin tener en cuenta el ‘bienestar humano’. Es lucha económica, es dinero y es ambición; y, en muchas ocasiones, ‘carceleros’ sin descuidos disfrazados de libertad sofisticada.

Los bulos y la desinformación y los memes, que habían sido los ornamentos tradicionales de la cultura de los foros, se trasladaron a la esfera ciudadana. Trolear era la nueva moneda de cambio política.

Anne Wiener

Muy destacable, la segunda parte del libro por el desarrollo narrativo-vivencial de la autora, un sustancioso conocimiento directo en torno al impacto producido por las redes sociales sobre el presente-futuro de la política internacional:

«Durante los meses posteriores a las elecciones, mis amigos y compañeros de trabajo pasaron una mala racha. Dolores de barriga, insomnio, astrología. Bebían demasiado. Empezaron a vapear un poco. Probaron los baños de sonido meditativos y algunos se plantearon tomar microdosis de LSD para ahuyentar a la depresión incipiente y recuperar la productividad perdida.»

¿Son acaso, esos nuevos multimillonarios hipercompetitivos un peligro real para la democracia? ¿Están socavando las sociedades estos luminosos gigantes tecnológicos?

valle inquietante
Cubierta

«Todo el mundo se iba a dormir demasiado tarde, la ansiedad no dejaba que se desengancharan de sus teléfonos, y los algoritmos publicitarios se quedaban levantados también. Mis amigos se compraban pesadas mantas diseñadas para personas con trastorno del procesamiento sensorial y que veían anunciadas en las redes sociales, y se tumbaban debajo de ellas con los brazos pegados a los costados, esperando a que la oxitocina empezara a circular. La ideología fascista y las conspiraciones paranoicas campaban a sus anchas. Los bulos y la desinformación y los memes, que habían sido los ornamentos tradicionales de la cultura de los foros, se trasladaron a la esfera ciudadana. Trolear era la nueva moneda de cambio política.»

Porque entonces, puede que lo humano y la democracia estén adentrándose en zonas de peligro de enrevesada delimitación. Pero, ¿cómo sustraerse de las atmósferas ubicuas y envolventes perimetradas desde esas inmensas catedrales de la ambición diseñadas por Silicon Valley?

*nota de prensa

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