La cinta verde, de Víctor Colden

LA MEMORIA DEL AMOR Y SU CALEIDOSCOPIO EMOCIONAL

La introspección de las sinuosas veredas del recuerdo, tan presente en el escritor Víctor Colden (Madrid 1967), retorna al libro de relatos La cinta verde (Abada Editores, 2025). Gran oportunidad para apreciar su elaborada narrativa convertida en poesía, o un marcado lirismo transformado en prosa. La cinta verde acaricia los sentimientos del lector cuidadoso, amante de la menudencia y la reflexión, susurro de un riachuelo serpenteando en una arboleda perdida. Un remanso donde se zambullen melancólicas evocaciones, lejos del zarpazo de la modernidad y sus engañosas luminarias. Apuntes, sin duda, del particular estilo literario de Colden, el que nos deleitó en Gazeta de la melancolía (Libros Canto y Cuento, 2020) y no digamos en Mañana me voy (Abada Editores, 2023), voz melancólica del caminante dubitativo entre el pesimismo y la esperanza.

Los siete relatos de La cinta verde plantean ciertos enigmas del amor. Controvertido sentimiento que sigue trastornando el alma humana, tan frecuentado en la literatura universal. En todos los cuentos de La cinta verde se vislumbra la soledad del individuo por el desamor. Lo que al principio fue ilusión deriva en esquizofrenia, la de la triste ingenuidad de Manu en Azul Lorena, o el absurdo comportamiento de Ramón Ginebre en Año nuevo, cuya paranoia por rememorar la dicha de antaño con Mariola, le lleva a actuar de manera sorprendente. Los enamoramientos de juventud originan torpezas, la cometida por Nekane, en Queda el río. Su decisión incita a Marcos a curarse con sal la herida que le provoca. Ese recuerdo azota la mente del protagonista, que busca mitigar el desafecto de su soledad en las aguas del río: “Piensa en Adrián y Raulito. Le han dicho que la próxima vez irán con él. Se bañarán juntos, como antes, cuando eran niños.”

El juego amoroso se vuelve caprichoso y cruel en la actitud de Dalia, en Camanances y su petulante desprecio por coleccionar hombres. Aunque es el personaje de Graciela el que plantea en Húsavík una inquietante cuestión: la adaptación del amor a los cambios originados a lo largo de la vida. ¿Es posible la estabilidad? ¿Somos los mismos amantes, novios que esposos? El autor lo aborda con una bella metáfora: la engañosa estabilidad del imponente circo de columnas de basalto del paisaje islandés: “Todo cambiaba continuamente a pesar de la impresión de inmutabilidad que transmitía”. Para el personaje de La cinta verde, que da título al volumen, el amor perdido habitaba en “la dulzura triste de un sueño”. En realidad, una ensoñación convertida en sutil pólvora que estalla por los acontecimientos que el tiempo acaba imponiendo. Después de todo, solo permanece, como siempre, la radiación emocional de los objetos, como la cinta verde y por supuesto muchas cuestiones por resolver.

Víctor Colden (fotografía facilitada por el autor)

La inquietud e inseguridad en unos casos y la culpabilidad en otros, tejen el maltrecho ánimo de unos seres en busca de una felicidad perdida, o acaso nunca hallada. En este sentido, Víctor Colden nos transmite en La cinta verde el engañoso espejismo de la fantasía amorosa, repleta de emoción, de humor, pero sobre todo de melancolía. Y lo consigue mediante un lenguaje elegante, de bellas imágenes y sorprendentes metáforas que dialogan con el lector más sensible. Una prosa lamentablemente poco habitual en las letras españolas de hoy. Ese es su mérito, que no es poco.

*Francisco López Porcal, filólogo y escritor.