Juan F. Rivero, reseña Raíz Dulce
© Imagen Francesc Fernández, a partir de una pintura rupestre de las cuevas de Lascaux

Raíz dulce, de Juan F. Rivero

Señalaba el filósofo François Cheng que, la creación artística es una de las formas por medio de las cuales intentamos vencer nuestro destino mortal, y Raíz dulce (Candaya, 2024), el último libro publicado por el poeta, editor y traductor sevillano afincado en Madrid Juan F. Rivero, trabaja con fecundidad sobre ese surco. Después de la altura poética alcanzada con Canícula y Las hogueras azules —premiada como Libro del año por el Gremio de Librerías de Madrid en 2021—, el autor nos sorprende con otro libro brillante, personalísimo y a gran distancia de cualquier camino consabido.

salvar la deuda con quien ya no está, pero forma para siempre parte de nuestros días

Raíz dulce abarca dieciséis años, explora y circunvala la muerte de una persona muy querida; adopta un lenguaje lírico, cálido, y respetuoso, rozado siempre por la épica en miniatura de la humanidad de lo cotidiano, adentrándonos en el paisaje afectivo cercano de esa vida truncada y la consiguiente fragilidad expansiva, pero con un matiz decisorio y diferencial: en el texto se ha iniciado un camino de resignificación de esa ultimidad. Amor, duelo, miedo, memoria compartida, conforman un paisaje quizá melancólico y devastado y devastador, ofrece sin embargo, un lugar más habitable que áspero, no regido por la tristeza, sino por la voluntad de justicia y el homenaje activo, posibilitando así algo que se acerca mucho a la redención o a cierto tipo de victoria rezagada.

«Durante toda aquella época, me obsesionó la mera posibilidad de olvidar»

En Raíz dulce hay técnica y conmoción, narrado a través de una voz poética coincidente con el autor sin llegar a ‘ser’ exactamente él; esencialmente poemario, transita múltiples registros literarios; poesía, narración, ensayo, cartas o notas en negro; nudos e intersecciones que expanden la carga de significado evolucionando hacia una introspección y verosimilitud formidables; libro íntimo y sorprendente, de los que convocan formas nuevas, edificado sobre un diálogo con la tradición literaria; Emily Dickinson, Novalis, John Ashbery, Raúl Zurita, Luis Rosales, Federico García Lorca —el título lorquiano—, Anne Carson o la poesía japonesa, entre otros; pero sin afán culturalista y asentado siempre en el suelo sincero e innegociado del sustrato social inmediato, un contexto de mudanza perpetua —tanto material como sentimental— que caracteriza algunas de las incertidumbres más condicionantes de lo que llevamos de siglo.

«En la historia de la pérdida está todo el que vive»
«Si el implacable ascenso a la memoria / se truncara y volviesen los fantasmas que he sido»
«El amor es el simple movimiento de la vida, ya lo sabes. Ahora el tiempo se rinde a tu felicidad»

La poesía trabaja bien con el pasado y con el presente, pero también, y así lo demuestra Juan F. Rivero, con el futuro; como dice la poeta Chus Pato acertadamente en su epílogo, «este libro es finalmente un canto a la amistad y al amor y trata de salvar la deuda con quien ya no está, pero forma para siempre parte de nuestros días».

En definitiva, Raíz dulce es un sugerente ejercicio de afirmación vital que impugna la huida ensimismada hacia afuera para enfrentar la impotencia abismal de la pérdida, conquistando un espacio contraintuitivo y ‘celebratorio’ que habilita una mirada transformada para no terminar asépticamente, a medias y sin justicia, con lo definitivamente interrumpido.

*Lázaro Santano, lector editorial, psicólogo y psicoterapeuta.