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entrevista uxue alberdi jenisjoplin
© Fotografía: Dani Blanco

Uxue Alberdi: «Si no sentimos la política es porque estamos en el poder»

Uxue Alberdi (Elgoibar, 1984) es escritora, bertsolari y licenciada en Periodismo. Ha recibido recientemente el Premio Euskadi por el ensayo feminista Kontrako eztarritik. Jenisjoplin (Consonni, 2020), ganadora del Premio 111 Akademia 2017 es su segunda novela, la primera traducida al castellano (por Irati Majuelo).

—No estoy dispuesto a perder esta lucha de clases, Jenisjoplin.

Rabia, crudeza, disidencia, rock, conflicto, culpabilidad, estigma, desafíos, dudas, vértigo.

Nagore Vargas, un personaje inolvidable de una vitalidad ígnea que, de repente, se ve obligada a tener que frenar en seco, alterar abruptamente su recorrido de lucha y mirar a los incómodos ojos de una fragilidad súbita. El volumen de todo lo que tiene que empezar a bajar. El descubrimiento de la enfermedad como punto de fractura, la vulnerabilidad del diagnóstico —sida— precipitando un muy terco leitmotiv distinto. El suelo que deja de ser algo firme sobre lo que puedes impulsarte. Quién soy. Quién voy a tener que ser. Un camino áspero de reinvención personal originado desde unas circunstancias insoslayables que empujan hacia una sola dirección, de qué manera es enfrentada esa asimetría nueva, cuando no queda otra que atender a lo inhóspito que puja por desestabilizar todo lo demás y rendirse no es ningún tipo de opción.

—El orgullo no te ayudará en lo más mínimo.
—La sumisión tampoco.


¿Cómo ha sido el proceso de escritura de Jenisjoplin?

Fue un proceso intenso, sobre todo al final. Durante mi embarazo fue cuando me documenté y escribí la novela poco después de nacer mi segundo hijo, tuve que robarle muchas horas al sueño. Me levantaba a las cinco de la mañana y escribía hasta las ocho mientras todos dormían. Después, me tomaba otras tres horas por la mañana para poder seguir escribiendo.

¿Cuál sería su banda sonora?

El disco que me acompañó durante el proceso de escritura fue Pearl de Janis Joplin. Invoqué a la diosa para que impregnase a Nagore Vargas de rabia, dolor, placer y ternura. Hay voces que nos recuerdan que donde hay cuerpo, existe la posibilidad del placer y del dolor, de la violencia y de los vínculos que curan. También suena la voz de Antonio Molina, es la banda sonora heredada de Nagore. Adiós lucerito mío se convierte en una desgarradora despedida de un padre ante el cuerpo consumido de su jovencísima hija heroinómana y La hija de Juan Simón restaura el vinculo de la siguiente generación. Mencionaría el grupo Hertzainak, que nos lleva al bar de los Vargas, el Ataka, con sus luces de neón, su pista de baile y su cabina de música junto al billar y el pinball. El antro donde crece Nagore -niña en los 80, adolescente en los 90- rodeada de lucha y vida, un garito en el que se chocan, se rozan y se acarician los ejes de la patria, la clase y el sexo. Se escucha a Amy Winehouse, a Leonard Cohen…

Creo que he tomado todas la decisiones importantes de mi vida poniendo la escritura en el centro

¿Cuál es tu relación diaria con la literatura?

Desde hace 15 años me dedico a escribir y a improvisar versos. Dinamizo tres grupos de lectura y un par de veces a la semana echo una mano en la librería de mi madre y mi tía. Mi padre ha sido profesor de euskera y literatura y escribe gramáticas. He crecido rodeada de libros y desde muy pequeña me sedujo el poder de la palabra, la precisión del lenguaje. Creo que he tomado todas la decisiones importantes de mi vida poniendo la escritura en el centro, sé que es absurdo, per cuando escribo siento que estoy haciendo lo que debo.

Sugiere Orhan Pamuk en su libro La maleta de mi padre que «lo que la literatura debe explorar y describir son las preocupaciones básicas del ser humano: el miedo a quedar apartado y a sentirse como alguien sin importancia, los sentimientos de inutilidad que se relacionan con lo anterior, las humillaciones en su autoestima que viven las sociedades, sus fragilidades, el temor a que las desprecien, todo tipo de rencores, susceptibilidades y fantasías inagotables de estar siendo humillados». ¿De qué manera crees que la literatura puede llegar a ser una herramienta de impacto significativo en la lucha contra determinados estigmas de nuestro tiempo?

Soy bastante escéptica, el lugar que tienen el arte y la cultura hoy en día es, sobre todo, decorativo. Durante el confinamiento todo el mundo hablaba de entretenimiento, pero la función del arte no es entretener. Trabajando de librera ves lo que pide la mayoría: “Quiero que me enganche”. Hay muchos lectores que desean que el autor, la autora les lleve del cuello, no se quieren incomodar, no quieren hacer el mínimo esfuerzo, y la literatura requiere esfuerzo para hilar, imaginar, deducir, pensar, pensar diferente. No sé quién decía que a la imaginación le gustaban las cosas que no le caben dentro. Me encanta el lema de la editorial consonni: “necesitamos lecturas para imaginar un mundo con más sentido”, ni siquiera mejor, con más sentido.

entrevista uxue alberdi jenisjoplin

«Me parece peligroso creer que estoy enferma. Si me creo un destino, un miedo, un síntoma… se acabó. No quiero ningún tipo de predisposición a unos determinados síntomas, a un determinado porvenir». En la protagonista, Nagore Vargas, hay una tensión constante entre la voluntad de fortaleza y la aceptación de vulnerabilidad, un conflicto que va reconfigurando su identidad personal. ¿Negar la propia vulnerabilidad nos puede hacer más vulnerables aún?

Creo que la vulnerabilidad nos viene de serie, dependemos de los demás. Si no nos quieren, morimos o enloquecemos. Hay que lidiar con la insoportable levedad del ser, como diría Kundera. Negar el miedo que nos produce la soledad, morirnos… solo genera sufrimiento. Pero asumir la propia vulnerabilidad y luchar, al mismo tiempo, por los deseos y las convicciones tanto individuales como colectivas, es un ejercicio difícil. Audre Lorde escribió que el deber que tienen padres y madres en cuanto a su descendencia consiste en concederles herramientas para autodefinirse y relajarse. Me parece muy certero y muy bello, y creo que en muchos casos, quienes saben relajarse no saben autodefinirse y quienes saben autodefinirse no saben relajarse. Es lo que le sucede a Nagore.

Creo que la vulnerabilidad nos viene de serie, dependemos de los demás

«La única manera de existir era siendo radical». En psicología solemos referirnos a variable disposicional para delimitar las variables estables que pueden estar siendo fundamentales para comprender una conducta determinada. ¿Qué variables fueron más decisivas en Nagore Vargas?

Creo que la relación de ambivalencia que tiene con su padre, Rafa Vargas, es fundamental. Es quien le lanza -literalmente- a la vida, le lleva al límite y, cuando Nagore está a punto de romperse, le recoge. Le enseña a no relajarse, en el momento en que ella se abandona en su padre, este huye. Aprende a estar alerta desde muy pequeña. Padre, patria y patriarcado son tres espejos en los que se mira Nagore. Tres espejos deformantes que le hacen dudar de su propia mirada. Luego está la cuestión de la lealtad, de las lealtades. Nagore es fiel a su familia, a su clase, a su tierra… defiende a los demás con uñas y dientes, lucha en nombre de su tía, de su padre y de su madre, de su abuela, de su pueblo… En la lucha se siente viva, en paz muere porque no tiene ni con qué ni con quién identificarse. La calma significa quedarse consigo misma, no tener un cuerpo contra el que chocar: hutsmina en euskera, el dolor que causa el vacío. El ambiente de crispación de la época se funde totalmente con la estructura emocional de Nagore. Vive los 80 y los 90 sin ningún tipo de filtro, en toda su belleza y crudeza y dice: “por eso busco la violencia, porque me recuerda que tengo un cuerpo y que es mío”.

Si no sentimos la política es porque estamos en el poder

Desde algunos círculos se incita constantemente a despolitizar todo lo que hacemos, desvincularnos apáticamente de nuestro entorno, como si eso fuera posible. En un momento de la narración Nagore Vargas dice: «Supe a qué bando pertenecía ante de que nadie me lo explicara». Bajo contextos sociales muy politizados, ¿puede el posicionamiento mantenerse libre?¿se puede ser eso que llaman ‘apolítico’, tiene eso algún sentido?

¿Qué es la libertad? Si entendemos la libertad como un ejercicio individual, por supuesto que no existe: nos construye lo heredado, lo aprendido, lo compartido. Nuestras ideas políticas tienen padres y madres, hermanas y hermanos. No hay posicionamientos libres ni equidistantes. No hay posicionamientos apolíticos. No hay ciudadanos del mundo, libres de todo, que caminan por encima del bien y el mal. Hay posicionamientos comprometidos con diferentes causas y creo que las condiciones contextuales son siempre politizadas: si no sentimos la política es porque estamos en el poder. Si yo no siento que soy blanca es porque mi color de piel es el privilegiado, si a muchos hombres les cuesta sentir su género, es porque están por encima de las mujeres. Los negros, las mujeres, las bolleras, los pobres, los hablantes de lenguas minorizadas… sienten su raza, su sexo, su clase, su lengua como algo muy político.

¿Cómo te llevas con las redes sociales?

Me mantengo al margen. Prefiero otros ritmos de pensar y de comunicarme. Pasear, charlar, leer. Puede que resulte viejuno… pero es lo que me hace bien.

Jenisjoplin no es una novela sobre el conflicto vasco. Sin embargo, estando como estamos en esta burbuja pública enturbiada en la que se imponen y son estimuladas las interpretaciones retorcidas y sacadas de contexto. ¿Tuviste miedo en algún momento de su escritura -en relación al conflicto vasco- de que algunas partes del texto fuesen malinterpretadas?

En el proceso de escritura no sentí miedo. Intenté construir un personaje complejo y meterme en su piel. Yo no soy Nagore, pero la entiendo. Creo que necesitamos muchos relatos, el conflicto nacional nos ha atravesado y de maneras muy diferentes y me parece importante poder pensar, poder expresarnos. Cuando escribo trato de ser lo más clara, precisa y sensible posible. Ese miedo sí que lo sentí cuando la novela se tradujo al castellano, el miedo al juicio previo. Soy euskaldún y feminista y sé que hay gente que eso, ya de entrada, le molesta.

¿Qué te gustaría destacar de la literatura vasca contemporánea?

Hay escritores y escritoras que admiro mucho y que se están traduciendo al castellano como Danele Sarriugarte (Entrañas), Eider Rodriguez (Un corazón demasiado grande), Katixa Agirre (Las madres no), Harkaitz Cano (Twist)… Pronto se publicará Miñan de Amets Arzallus e Ibrahima Balde en Blackie Books, es una maravilla. Consonni editará a Alaine Agirre y a mi compañera bertsolari Miren Amuriza. Hay mucho que leer y mucho más que escribir.

Habrá que entrenar lo de bajarse de la rueda del hámster, a ser posible, en buena compañía y sin perder los ideales.

Se observa en determinados círculos culturales la costumbre de pontificar sobre qué es cultura y qué no lo es dejando sospechosamente siempre al margen a la cultura popular. ¿A qué crees qué es debido ese comportamiento normalizado de exclusión?

Bueno, definir el canon es definir una escala de poder. Se excluyen cuerpos, idiomas, mentes, experiencias, geografías… pero se puede escribir desde los márgenes. De hecho, hay libros que sólo se pueden escribir desde los márgenes.

«Parar es una experiencia turbadora para quien no ha parado nunca». ¿Qué aprendizajes consideras que se pueden obtener de Jenisjoplin para lidiar con este presente de aceleración persistente?

Creo que Jenisjoplin contiene un mensaje bastante claro en ese aspecto: “Si no te paras tú, te parará la vida”. Habrá que entrenar lo de bajarse de la rueda del hámster, a ser posible, en buena compañía y sin perder los ideales.