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X ha muerto (Consonni, 2021) de Alaine Agirre fue publicado originalmente en euskera, obteniendo el Premio Euskadi de Plata en 2016, concedido por el gremio de librerías de Gipuzkoa.

Este texto está desnudo.

Porque en X ha muerto asistimos a un doloroso monólogo de desnudez frente a un espejo que devuelve una elocuencia desbordada, alucinada o no, la minuciosa devastación sin respiro provocada por la posibilidad de perder a un ser querido. La vida ha sido golpeada y desprovista ya de todo el sentido anterior, herida, irreal, asimilada desde un desconcierto que se infiltra encharcando cada pensamiento.

Una obsesión me ha ocupado.

La autora, a través de breves fragmentos, relata esa cotidiana tragedia que puede llegar a establecerse cuando el marco vital estalla y lo que te sostenía ha desaparecido, la fluida hemorragia obsesiva que se ha abierto. Una escritura en medio del derrumbe, como otra forma de encarar la pérdida, choque frontal con lo inasumible, que si bien, no roza siquiera la analgesia de lo que ha sido desgarrado, sí incorpora una masticación distinta de la conmoción sobrevenida.

X ha muerto es un texto maravillosamente bien escrito en el que la emocionalidad cortocircuitada por la amenaza de la pérdida, no hace trampas a la vulnerabilidad ni conjura al olvido o a pasar página, siendo de algún modo, una singular ‘apología’ del amor en un tiempo en el que el individualismo líquido inherente al capitalismo, no juega precisamente a su favor.

Pero, ¿X ha muerto?