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Billie Holiday: la construcción de una biografía coral

Cuando a Billie Holiday le preguntaban por qué los grandes del jazz morían jóvenes, ella respondía: “Porque tratamos de vivir cien días en un día”.

Billie Holiday tenía 44 años y apenas unos cuantos dólares en el banco cuando murió el 17 de julio de 1959 en la cama del Metropolitan Hospital Center de Nueva York tras ser arrestada por posesión de drogas. ¿Cómo resumir la vida de alguien que pudo tenerlo todo?

Quizás fue algo que acabó preguntándose machaconamente Linda Lipnack Kuehl, una periodista (y declarada fan) que interesada en la vida de la artista decidió acometer la difícil tarea de escribir un libro sobre la cantante.

A principios de la década de los 70 Linda recorrió durante años los EEUU entrevistando a más de 150 personas que hubiesen tenido algo que ver con Billie a lo largo de su intensa y corta vida. Su periplo acabaría produciendo cientos de horas de grabaciones de sus charlas con músicos, colegas, proxenetas, agentes del FBI, abogados, amigos y también, como no… enemigos. Voces que como en una especie de ‘memoria de testigos’ relataban alguna faceta, experiencia o recuerdo vivido con la cantante. Cientos de conversaciones que acabarían configurando una especie de identidad amalgamada compuesta por los recuerdos y experiencias de otros. Una Billie deconstruida de pequeños fragmentos resultado de la memoria y la sensibilidad, real o alucinada a veces, de quienes se cruzaron con ella en algún momento.

LA LISTA DE LA COMPRA

Kuehl acabó coleccionando una totalidad de material tal vez inabarcable. Aparte de las entrevistas, la periodista terminaría acumulando recortes de periódico, historiales médicos, archivos policiales e incluso listas de la compra.

  • 75 vatios (2)
  • bombillas de 60
  • azúcar
  • 2 pastillas de Camy
  • pan
  • 2 pastillas de Lux
  • 12 huevos
  • 1 estol grande
  • 4 papel ijiénico (sic)
  • 1/2 jamón
  • 1 comet
  • 1 pollo asado no demasiado pequeño

Linda trató de transformar todo ese material en un libro, sin embargo sus intentos no lograron traspasar el umbral de los primeros capítulos. Una tentativa reincidente por conseguirlo que probablemente la desbordó. Su editora en Harper & Row le escribió diciéndole que aquello era “un batiburrillo en el que el lector se perdía con facilidad” añadiendo “si esto es doloroso para mí, para ti debe ser terrible”. A pesar de que logró vender el proyecto a una nueva editorial el final de la periodista estaba muy cerca.

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Billie Holiday y su chihuahua Pepe junto a Count Basie y Billy Eckstine (Biblioteca Púb. NY)

En enero de 1979 Linda Kuehl viajó a Washington desde Nueva York para acudir a un concierto de Count Basie. Al parecer llegó visiblemente nerviosa y desapareció antes de la actuación. Regresó al hotel, escribió una nota y saltó por la ventana de su habitación del tercer piso.

Linda fue una gran entrevistadora, de hecho, uno de sus últimos encargos sería conversar con Joan Didion para The Paris Review. Como curiosidad decir que debido a la repentina muerte de su interlocutora tuvo que ser la misma Didion quien escribiese la introducción a su propia entrevista afirmando sobre Linda que “Su interés y su agudeza sobre el acto técnico de escribir me hicieron relajarme y hasta entusiasmarme hablando, cosa rara en mí”.

La familia de la malograda periodista conservó los documentos sobre Billie hasta que fueron vendidos a un coleccionista privado en los noventa, un archivo caótico al que más tarde pudo acceder Julia Blackburn, hija del poeta Thomas Blackburn y la artista Rosalie de Meric.

LA CAJA DE CARTÓN

Así titula Julia Blackburn el capítulo en el que explica aquel primer encuentro con un par de cajas de zapatos llenas de cintas, cuidadosamente rotuladas y numeradas. “Sigo los pasos de otra persona” asevera, tratando de reconstruir durante un año todo aquel trabajo de campo. Sin embargo finalmente y según sus propias palabras “el resultado sería insulso y uniforme”. Reconociendo que cualquier intento de taxonomía terminaría licuando la vitalidad y la pasión de aquella interesante mezcla de voces.

Fue entonces cuando renunciando a acometer el típico relato cronológico decidió que “el libro debía ser un documental en el que la gente pudiera contar libremente sus historias sobre Billie” transformando ese par de cajas de zapatos en una avalancha de reminiscencias testimoniales que liberarían por fin a la artista de falsos estereotipos y biografías edulcoradas como la de William Dufty en Lady Sings The Blues.

Hablarán amigas fugaces a su paso por el reformatorio, vecinos, hombres que la amaron, que la maltrataron, que la engañaron o la admiraron, colegas músicos, novios, maridos… Un conjunto de narraciones a veces inconexas y otras contradictorias que nos ofrecerán instantáneas de una Billie poliédrica, genial, vulgar, drogada, generosa, asustada, o abrumadamente triste cuando interpretaba Strange Fruit’ una de las canciones más icónicas cantada por la artista y para la que se reserva un capítulo completo en el libro. Leonard Feather la consideró “el primer grito auténtico contra el racismo”. Para el productor discográfico Ahmet Ertegun, fue “una declaración de guerra… el principio del movimiento de los derechos civiles”. 

Las autoridades fueron a por Billie durante años. Y uno de los motivos fue que Strange Fruit la catapultó a la fama y la convirtió en un personaje polémico.

William Dufty

Mención especial tienen las entrevistas a Jimmy Fletcher, un agente negro del FBI infiltrado que se hizo amigo de Billie y que ante su hábil interrogadora parece venirse abajo y confesar que la traicionó cumpliendo órdenes. O la conversación con Bobby Henderson, pianista y novio de la cantante durante un par de años y que la recordaría diciendo “Tenía carácter pero también era una mujer paciente, sentía que ella me respetaba porque yo respetaba sus ideas. Tuvimos una relación preciosa” pero también admite que no podía darle todo lo que ella necesitaba “Billie bajaba la guardia y era como una cría. Como si no le hubiera sucedido nada en toda la vida”.

Tenía carácter pero también era una mujer paciente, sentía que ella me respetaba porque yo respetaba sus ideas.

 Bobby Henderson

El saxofonista Lester Young a quien le encantaba poner apodos a todos los músicos con los que trabajaba bautizó a Billie con “Lady Day”, ambos mantendrían una relación casi de hermanos porque además de la música compartían los mismos miedos y problemas de confianza, por eso necesitaban recurrir a las drogas y a la bebida para mantenerse al margen.

En su fuero interno es, sobre todo, una niña cuyos problemas han hecho que le sea psicológicamente imposible enfrentarse al mundo que la rodea.

Tallulah Bankhead

La actriz Tallulah Bankhead y Billie coincidieron en varias ocasiones durante los años 30 pero no es hasta 1948 cuando se les considera amigas intimas (hay quienes piensan que tal vez amantes pero ¿acaso importa?). Entre mayo de 1947 y marzo de 1948 a Billie le retiraron la “tarjeta de cabaret” a raíz de su paso por la cárcel. Había perdido su medio de ganarse la vida y por ello se vio obligada a realizar interminables giras de una ciudad a otra.

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En enero de 1949 la detuvieron de nuevo acusándole de posesión de opio. La cantante estaba aterrada y amenazó con suicidarse. Tallulah llegó a pagarle un psiquiatra y no se separó de ella en todo ese tiempo llegando incluso a enviar una carta al por aquel entonces director del FBI (y amigo de la familia) Edgar Hoover para recabar su ayuda escribiendo sobre su admirada y querida amiga lo siguiente: “No es mi intención disculpar sus debilidades… En su fuero interno es, sobre todo, una niña cuyos problemas han hecho que le sea psicológicamente imposible enfrentarse al mundo que la rodea…” Pero Hoover dedicó gran parte de su vida a perseguir a gente como Billie y nada hacía pensar que moviera un solo dedo para ayudarla.

Muy distintas son las historias de Carl Drinkard que trabajó con Billie a finales de los 50 y que según la autora devana una madeja de fanfarronadas y alucinaciones de drogadicto en las que no es fácil distinguir la realidad de la ficción o del pianista Jimmy Rowles que afirma haberse emborrachado antes de su encuentro con la periodista.

En una entrevista concedida en el Storyville Club de Boston en abril de 1959, apenas dos meses antes de su muerte, Billie confesó: “No tengo suplente. Cada vez que actúo me enfrento a todo lo que se ha escrito sobre mí. Tengo que luchar en el escenario para que la gente crea lo que dicen sus oídos y vuelva a confiar en mí”

El trabajo inacabado de Linda Kuehl por el momento ha posibilitado la publicación de este libro y del documental Billie, dirigido por James Erskine que verá la luz en España en febrero de 2021.

“No tengo suplente. Cada vez que actúo me enfrento a todo lo que se ha escrito sobre mí. Tengo que luchar en el escenario para que la gente crea lo que dicen sus oídos y vuelva a confiar en mí”

Billie Holiday

El mérito de Blackburn quizá haya sido el de atreverse a liberar y desmadejar todo ese material enmarañado y caótico ofreciéndonos una no biografía, áspera, friki y en cierto modo justiciera.

Aunque no trate estrictamente de música, leer Con Billie Holiday -Una Biografía Coral- de Julia Blackburn (Libros del Kultrum) es como asistir a una jam session en un garito de Greenwich Village. Y quien sabe, detrás de todas esas voces quizás alcances a escuchar el verdadero sonido de Lady Day.

Artículo original escrito para Bamba Mag