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Entrevista al psicólogo Eparquio Delgado (1ª parte)

En esta primera parte de la entrevista hablamos con Eparquio Delgado sobre cuestiones acuciantes de la psicología.

Eparquio Delgado es Psicólogo Sanitario, coodinador de proyectos sociales, profesor, escritor y un apasionado militante contra los dogmas.

En 2013 recibió el Premio Mario Bohoslavsky que otorga la ARP-SAPC por su labor divulgativa del pensamiento crítico y la educación científica.

Apasionado por el comportamiento humano, la música y la divulgación científica. Eparquio colabora habitualmente con medios de comunicación, escribe un blog y en 2014 publicó su primer libro. Es miembro de la Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento y la plataforma de divulgación científica Naukas.

En Los libros de autoayuda ¡vaya timo!, Eparquio Delgado analiza el fenómeno de los libros de autoayuda desde el rigor y el análisis crítico.

(Os dejamos con la primera parte de nuestra charla donde nos hemos centrado más en el ámbito de la psicología. Próximamente publicaremos la segunda parte abordando otras cuestiones).

Entrevista a Eparquio Delgado (1ª parte)

¿Cómo ves la tendencia cerebrocéntrica que irrumpe en la Psicología?

El cerebrocentrismo es la consecuencia de tratar de compaginar el dualismo mente-cuerpo con el monismo materialista en el seno de la Psicología. La forma que han utilizado para intentar hacer compatibles estos dos puntos de vista ha sido convertir a la mente en algo que ocurre en el cerebro o que es producto de este, una idea que no es nueva ni nace con la llamada ‘revolución cognitiva’ a mediados el siglo XX. Más bien, lo que hizo el cognitivismo fue volver a introducir el fantasma en la máquina a partir de una metáfora que utilizamos continuamente en nuestras conversaciones.

Cuando alguien hace algo que nos resulta extraño decimos que ‘perdió la cabeza’, cuando nos cuesta pensar, decimos ‘hoy no tengo la cabeza para esto’, etc. Lo que ha hecho la neurociencia cognitiva ha sido cambiar ‘cabeza por ‘cerebro’, dándole una pátina científica a una de las mayores confusiones conceptuales de la historia. La revolución cognitiva fue más bien una contrarrevolución y el cerebrocentrismo no es sino una forma de dar cientificidad a esta confusión.

Lo que ha hecho la neurociencia cognitiva ha sido cambiar ‘cabeza’ por ‘cerebro’, dándole una pátina científica a una de las mayores confusiones conceptuales de la historia.

¿Debería la Psicología dar prioridad a lo que sucede en el cerebro o al propio funcionamiento psicológico?

Si el papel de la Psicología fuera estudiar el cerebro, entonces su objeto de estudio sería el mismo que el de la neurofisiología y lo más sensato sería prescindir de ella. Afortunadamente, hay espacio para una disciplina que no reduzca al ser humano a lo que ocurre en su sistema nervioso.

Cada vez que hablo de esto aparece alguien escandalizado clamando que el cerebro importa, que en él pasan cosas y que si tiene problemas de funcionamiento, el comportamiento de la persona se altera, como si los que señalamos los abusos de la llamada neurociencia (a la que deberíamos llamar neurofisiología) fuésemos una especie de espiritualistas que creyéramos en un alma incorpórea o algo así. Por supuesto que el encéfalo es imprescindible para que se pueda dar un comportamiento complejo, pero lo que ocurre en el cerebro es otro nivel de análisis.

Si el papel de la Psicología fuera estudiar el cerebro, entonces su objeto de estudio sería el mismo que el de la neurofisiología y lo más sensato sería prescindir de ella.

No existe algo dentro de nosotros llamado ‘mente’. Cuando hablamos de términos mentales, nos referimos a una serie de expresiones del lenguaje cotidiano a las que etiquetamos como ‘psicológicas’: pensar, recordar, razonar, imaginar, percibir, sentir, etc. El funcionamiento psicológico no ocurre en el cerebro. Lo que llamamos procesos psicológicos son un segmento de las prácticas en el lenguaje ordinario, y por tanto, es fundamentalmente social. Ahí tenemos conjunto de fenómenos que no se solapan con la biología ni la ciencia histórico-social y en el que hemos hecho grandes avances teóricos y experimentales.

Sostiene Mike Page que la ingente inversión de tiempo y dinero en neurociencia no suponen un avance real en conocimientos psicológicos ¿Qué opinión te merece esa afirmación?

La investigación en Neurofisiología no supone ni supondrá un camino para avanzar en el conocimiento de lo psicológico simplemente porque ‘lo psicológico’ no ocurre en el cerebro, como explicaba más arriba. Eso no resta importancia al avance científico que se puede lograr gracias a este programa de investigación, pero es un error creer que ese tipo de estudios permiten ampliar el ‘conocimiento del funcionamiento psicológico’. Por otra parte, a la hora de hablar de los avances de la neurociencia resulta útil comprobar qué aplicaciones reales tiene ese estudio para abordar problemas como el tratamiento de trastornos ‘mentales’, dificultades educativas y otros. Frente a la repetición incansable de ‘la neurociencia ha demostrado X’, afirmar que las aplicaciones prácticas de la neurociencia son escasas es un acto de generosidad.

La investigación en Neurofisiología no supone ni supondrá un camino para avanzar en el conocimiento de lo psicológico simplemente porque ‘lo psicológico’ no ocurre en el cerebro.

¿Qué hallazgo neurocientífico consideras que sí ha servido para un avance en el conocimiento psicológico?

La Neurofisiología ha hecho grandes avances en el estudio del sistema nervioso, que es a lo que se dedica. Las técnicas de neuroimagen nos permiten saber qué ocurre en el cerebro de una organismo vivo y eso abre muchas posibilidades a la hora de explicar fenómenos. El peligro que entraña la fascinación por lo neuro es el de creer que estamos desvelando los secretos del encéfalo (o peor aún, de ‘la mente’) sin darnos cuenta de que solo estamos haciendo investigación científica a medida de la tecnología disponible en este momento. No creo que la llamada “neurociencia” aporte mucho a la Psicología como ciencia, ni viceversa. En todo caso, el encuentro entre ambas en interdisciplinas como la ‘Neuropsicología’ puede ser útil a la hora de abordar ciertos fenómenos y problemas, pero eso no quiere decir que una sirva para el avance de la otra.

El peligro que entraña la fascinación por lo neuro es el de creer que estamos desvelando los secretos del encéfalo (o peor aún, de ‘la mente’) sin darnos cuenta de que solo estamos haciendo investigación científica a medida de la tecnología disponible en este momento.

Minuto y resultado de la Psicología española actual. ¿Crees que estamos mejorando?

Si nos referimos a lo que se hace en las universidades, la Psicología está sumida en España en los mismos problemas que en el resto del mundo: crisis de replicabilidad, desacuerdo en el objeto de estudio, multiplicidad de programas de investigación o paradigmas que no se encuentran entre ellos, obsesión por el paper y caos conceptual que impide el avance como ciencia. Además, no parece que estos problemas vayan a resolverse a corto o medio plazo.

El ejercicio profesional está más regulado que hace dos décadas pero sigue siendo insuficiente. Hoy contamos con las figuras del Psicólogo Especialista en Psicología Clínica y el Psicólogo General Sanitario para cubrir el espacio de la práctica clínica y, aunque no son mis áreas de trabajo, sé que ha habido avances en los ámbitos de la Neuropsicología y la Psicología Educativa. Eso significa que todavía quedan ámbitos laborales por cubrir.

Por otra parte, uno de los temas pendientes por parte del Consejo General de la Psicología de España es la exigencia de que los profesionales lleven a cabo una práctica rigurosa, con procedimientos que cuenten con pruebas de eficacia. Y luego está el asunto de la Psicología en la sanidad pública, que implica una drástica mejora de la atención especializada en las unidades de salud mental como la posibilidad de que haya profesionales en Atención Primaria. En definitiva, todavía queda mucho por mejorar.

Creer que solo por invertir dinero en un máster vas a convertirte en un profesional efectivo es infravalorar la dificultad de lo que hacemos.

¿Crees que la burbuja de los másters responde más a un negocio o a una verdadera profesionalización real de la Psicología?

Creo que la profesionalización tiene más que ver con la regulación del ejercicio profesional que con la aparición de los máster. La proliferación de estos títulos es realmente un síntoma de dos males: los déficit formativos del Grado en Psicología y la privatización de la enseñanza. Los máster son un negocio, es evidente, pero eso no significa que la formación sea buena o mala. Hay algunos en los que realmente se aprende y otros en los que solo se obtiene un título. Eso sí, creer que solo por invertir dinero en un máster vas a convertirte en un profesional efectivo es infravalorar la dificultad de lo que hacemos.

La mayor parte de lo que se ofrece al público general bajo ese epígrafe es simplemente un fraude que se conoce con el nombre de ‘autoayuda‘. De eso es mejor huir.

¿Qué autores relacionados con la Psicología recomiendas a profesionales? ¿Y a no profesionales?

No creo que los intereses de ambos sean los mismos. A los profesionales les puede (y les debe) interesar la Psicología como ciencia. Ahí hay mucho que leer, desde los imprescindibles como B.F. Skinner a lo más reciente. Creo que un psicólogo debe conocer lo fundamental de las diferentes Psicologías y ser crítico con sus limitaciones e inconsistencias. A los no profesionales no me atrevo a recomendarles nada por dos razones: los motivos para leer Psicología son demasiado variados y la mayor parte de lo que se ofrece al público general bajo ese epígrafe es simplemente un fraude que se conoce con el nombre de ‘autoayuda‘. De eso es mejor huir.

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Y para acabar empecemos por el principio: ¿Qué es un problema psicológico?

Hace poco publiqué un artículo que hablaba precisamente de esto en el que trataba de aclararme a mí mismo este asunto. Allí propongo que un problema psicológico es lo que ocurre cuando tratamos de conseguir un fin y nos encontramos un conjunto de circunstancias que nos lo impiden, las cuáles tienen siempre que ver con lo que hacemos, ya sea por exceso o por defecto, y que ocurren a nivel individual. Sin embargo, no estoy del todo convencido de que esta definición –en la que deliberadamente no aparece el sufrimiento o malestar– sea realmente útil. De hecho, hay quien plantea una visión distinta y sugerente: que no existen los problemas psicológicos per se y que lo que hay son problemas educativos, sanitarios, morales, etc., en los que participa lo psicológico, pero no en términos exclusivos.

Lo que sí podemos decir es que no son enfermedades, ni problemas del organismo, ni fenómenos grupales. No son algo que pase en las neuronas ni en ninguna otra parte en el interior de la persona, pero tampoco son problemas que afecten a un colectivo. Ojalá que un día lleguemos a tenerlo claro, aunque para eso tengamos que cambiar primero la disciplina tal y como la conocemos.

Hay quien plantea que no existen los problemas psicológicos per se y que lo que hay son problemas educativos, sanitarios, morales, etc., en los que participa lo psicológico, pero no en términos exclusivos

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