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¿Es posible establecer un diagnóstico de la psicología en la actualidad?

Hemos tratado de acercarnos a un ‘diagnóstico’ del estado actual de la psicología española. Para ello hemos charlado con catorce compañeros/as que trabajan desde enfoques y contextos distintos.

Tratar de avanzar a solas arrinconando lo común parece ser un rasgo distintivo epocal. La psicología no es ajena a esa nueva realidad ultraindividualista que desactiva severamente la reivindicación de los objetivos colectivos. Algunas cuestiones cruciales como el intrusismo, el enorme impacto negativo de las pseudopsicologías, la dañada imagen social que sufre la profesión o las pocas oportunidades de escapar de la precariedad laboral configuran un cuadro clínico que pide a gritos idear nuevas formas de diálogos capaces de propiciar cambios. Pensar más allá de la tiranía del ‘sálvese quien pueda’ y armarse de implicación.

Es evidente que en tiempos de incertidumbre y atomización social cobra vital importancia el fortalecimiento de formas de cohesión. Abandonar simulacros incapaces de cuestionar o responder a las problemáticas existentes y trabajar activamente por la construcción de trazos comunes desde fundamentos críticos y alejados de la autocomplacencia inmovilista que no destraba nada.

Acometer la imperiosa necesidad de acortar la distancia entre los psicólogos y sus instituciones. Convertir esas instituciones en un medio (no en un fin) para cambiar las cosas.

Hemos tratado de acercarnos a un ‘diagnóstico‘ del estado actual de la psicología española (sabedores de la imposibilidad). Para ello hemos charlado con catorce compañeros/as que trabajan desde enfoques y contextos distintos. Nuestro agradecimiento por su trabajo y por mojarse.

Huelga decir que este artículo (el primero de una serie de ideas que iremos desarrollando) no pretende sentar cátedra alguna, nada más lejos, solo un humilde intento indagatorio de la situación y la entelequia de que estimule a la puesta en marcha de nuevas dinámicas transformadoras.

Saquen sus propias conclusiones.

PREGUNTAS:

1.- ¿Qué no debería ser la psicología (como ciencia)?

2.- En el contexto español, ¿qué diagnóstico e intervención realizarías del estado actual de la psicología (como profesión)?

3.- ¿Qué prácticas/iniciativas se te ocurren para fomentar un colectivo más cohesionado e implicado que luche por el avance de la psicología?

PARTICIPANTES: Tania Estapé; Jordi Fernández Castro; Irene Fernández Pinto; Victoria A. Ferrer Pérez; Mª Jesús Giménez Caimari; Laura Hernangómez; Manuel Martín-Loeches; Iban Onandia; José C. Perales; Marino Pérez Álvarez; Eduardo Polin; Miriam Rocha; Monika Salgueiro; Alexandra Vázquez

RESPUESTAS:

Ψ      TANIA ESTAPÉ

Doctora en Psicología, especialista en Psicología y experta en Psicooncología. Coordinadora de Psicooncología de la Fundación FEFOC y Profesora colaboradora en la UOC y en la UVICC-UManresa; co-directora del Máster en Psicooncología de la UB, vicepresidenta de la Sociedad Española de Psicooncología y miembro de la Junta Directiva de la International Psycho Oncology Society.

1 La Psicología no debería ser una disciplina basada en opiniones o sensaciones, ni mucho menos algo susceptible de ser valorado por experiencias individuales. Tampoco debería ser un compendio de buenos propósitos ni algo mágico que “tienen” las personas. La Psicología no “se tiene” se estudia, se ejerce. La Psicología no debería ser “algo relativo” como a veces me dicen mis alumnos ni algo que el propio profesional ejerciera sin una formación continuada sin bases sólidas, a pesar de que cierto es que nuestro objeto de estudio (o sujeto) es muy complejo. No debería ser una disciplina blanda ni fácil.

2 El diagnóstico, por desgracia, es bastante grave. La Psicología tiene una autoestima muy baja, y no ha sabido marcar bien sus competencias, que, al ser del campo emocional y relacional, se han tomado como algo “fácil” que cualquiera puede hacer. El instrusismo que sufrimos es tremendo.

El problema también son las otras ciencias de la salud que se han querido definir como bio-psico-sociales y esto les da cancha para poder hacer en sus consultas tratamientos (o supuestos tratamientos) de problemas que no son de ellos sino nuestros. Un fisioterapeuta, médico, nutricionista…debe aprender habilidades de comunicación, por supuesto, pero si el paciente que tiene delante presenta algo que no es de su competencia, no es necesario que haga de psicólogo.

Tiene que derivar, ser honesto y decir claramente que no es su terreno. Si nos fijamos, esto solo pasa cuando los demás profesionales reclaman poder hacer terapia psicológica a sus pacientes, pero ay como nosotros prescribamos una dieta, o un ejercicio para el linfedema…¡¡arde Troya!! Y por no hablar de la moda de los coaches que van presumiendo de que no tratan personas con psicopatología, ya solo faltaría…pero es que no tienen que hacer consultas de motivación, ni usar nuestras técnicas como están haciendo. Y además, ¿Cómo saben que una persona tiene o no psicopatología? A nosotros se nos exige mucho para poder diagnosticar, pero ellos lo hacen…¿por ciencia infusa? Me parece una broma de mal gusto el instrusismo que padecemos.

Hay que decir que por precariedad laboral una de las vías de ganar dinero del psicólogo es la formación y entonces no frena entrada a nadie. Esto enlaza con una de mis propuestas “de intervención”: reducir el número de graduados. ¿Qué estamos haciendo rompiendo ilusiones de tantos y tantos graduados que no van a poder ejercer o que van a tener mil trabas para ello? ¿Qué van a ver que al lado una señora que ha hecho un curso de 3 semanas abre un “chiringuito” de crecimiento personal o, si es más atrevida, dice que trata ansiedad y depresión?

Otra propuesta en este sentido: acabar con la dureza de los colegios para sus propios afiliados y la amplitud para los no graduados. Aquella señora que digo, como no es psicóloga, no se puede hacer nada contra ella, aunque ponga que trata ansiedad, pero a los graduados se les puede perseguir y exigir…entonces no engañemos más: que se cierren las facultades y que cualquiera haga lo que quiera….Es un sinsentido.

Mi intervención estrella consiste en conseguir el rescate de oficio, esto es que desde el ministerio se definan (como en todas las profesiones de la salud) unas competencias muy claras que solo se pueden ejercer si eres psicólogo. Es la única manera de prosperar, uno no puede operar si no es cirujano…¿por qué tiene que poder hacer terapia cognitivo conductual si no es psicólogo? …

La línea es muy fina y os aseguro que muchos empiezan por “gestión de las emociones” y acaban tratando anorexias y todo lo que pueden con la dudosa excusa de que “las emociones son de todos”, como me dijo a mí una profesional de la salud…Bueno, sí, “y los brazos”, le contesté, “pero yo no trato periartritis del hombro”, por ejemplo. Lo siento, pero mi propuesta es más intransigencia, porque nos acaban colocando en “los psicólogos tratan a los locos” y no es eso lo que hacemos, o no solamente.

3 Creo que los colegios deben tener una visión más transversal y dedicar sus esfuerzos a aspectos que interesen a todos y a la defensa de la profesión. Está muy bien la formación, pero me parece que hay algo que nos une a todos y es que haya de una vez líneas claras y rigurosas para definir de una buena vez nuestras competencias, y como digo arriba ir a por el rescate de oficio. Si no, estamos perdiendo el tiempo. Y, repito, menos graduados y más satisfechos y luchar contra el intrusismo tanto de los profesionales de la salud como de otras personas que nos hacen un daño enrome. Debemos olvidar diferencias entre nosotros, como modelos teóricos, esto nos perjudica mucho. Dos psicólogos de dos corrientes teóricas distintas pueden ser de una agresividad enorme entre ellos. Sin embargo en todas las profesiones hay diferentes maneras de abordar algunas patologías y no pasa nada, pues primero deifenden que son médicos (por ejemplo). Recordemos el adagio indio sobre los hermanos, aplicaod a los psicólogos: …”si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”…es lo que tristemente ha pasado y está pasando. Hay que unirse y luchar por el psicólogo, primero, una figura imprescindible e importante, pero que no sabe que lo es.

Ψ  JORDI FERNÁNDEZ CASTRO

Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Coordinador del grupo de Investigación en Estrés y Salud.

1 La Psicología científica no debería ser una Filosofía de la vida. Es decir un conjunto de observaciones y prescripciones sobre la conducta, una especie de ética aplicada. Ni tampoco una reflexión sobre el sentido de la vida o los caminos de la felicidad. Diferentes filósofos y pensadores han desarrollado este tipo de reflexiones a las que los psicólogos debemos estar atentos, pero eso NO es psicología.

La Psicología no está disuelta en las Neurociencias, la Psicológica científica actual se debe desarrollar junto con las neurociencias y hacer aportaciones. Pero la Psicología no es el estudio del “cerebro”, sino de sus productos: la conducta y, si se quiere, las emociones, actitudes, juicios, cogniciones, etc.

Y, finalmente, la Psicología también debería dejar de ser una especie de conjunto de opiniones y puntos de vista de psicoterapeutas con experiencia. Aunque la experiencia particular del terapeuta es extraordinariamente valiosa, la Psicología de debe desarrollar a partir de evidencias objetivas y controladas.

2 El hecho de que haya estatus profesionales diferentes (A saber: Psicólogo clínico (Vía PIR), Psicólogo General Sanitario y psicólogo licenciado o graduado, colegiado pero sin máster) genera conflictos, intereses corporativos y dificulta la definición clara de la profesión.

En mi opinión, naturalmente personal y subjetiva, la universidad no valora suficientemente a los psicólogos profesionales que están en primera línea y se olvida que tiene que formar a psicólogos que han de sobrevivir en el mundo real, no en una revista indexada. Pero los colegios profesionales no valoran el papel de la Universidad y la consideran demasiado teórica. Y el colectivo de psicólogos clínicos desconfía de los colegios profesionales porque defienden tanto a psicólogos clínicos como a otros psicólogos, y de la Universidad porque potencia a los psicólogos sanitarios.

3 Trabajar por conseguir un estatus de acreditación de psicólogo profesional único, avalado por los colegios profesionales y la Universidad que pudiera contemplar, naturalmente, diferentes grados de especialización y no generase grupos con intereses profesionales diferentes. Los colegios profesionales deberían combatir más enérgicamente el intrusismo y rechazar prácticas pseudocientíficas y no avaladas por evidencias, aunque provenga de psicólogos, naturalmente esto último es costoso y muy complicado.

Ψ  IRENE FERNÁNDEZ PINTO

Máster en Metodología de las Ciencias del Comportamiento y de la Salud y Máster en Terapia de Conducta. Psicóloga sanitaria en Libertia Psicología.

1 En mi opinión la Psicología no debería ser un coladero donde todo tipo de prácticas sirve. Los psicólogos tenemos una gran responsabilidad social. Del mismo modo que exigimos que los médicos o los arquitectos (por poner algunos ejemplos) se rijan por una serie de principios fundamentados y apliquen técnicas contrastadas y eficaces, debemos pedir lo mismo de los psicólogos.

Lo contrario solo puede responder a una ignorancia de la potencia de conocimientos que ya tiene acumulados nuestra disciplina o a una minusvaloración de sus fines en nuestra sociedad. O, peor, al resultado de velar egoístamente por los propios intereses individuales en detrimento de nuestras obligaciones y responsabilidades.

2 Creo que nos encontramos en una situación de laissez faire, donde miramos para otro lado cuando sabemos que hay muchos psicólogos (y no psicólogos) incurriendo en prácticas desfasadas e ineficaces cuando no directamente iatrogénicas y carentes de ética. En ocasiones parecería que prima más el corporativismo o un malentendido “compañerismo” que un verdadero compromiso con nuestros usuarios y con la sociedad.

Ante esto, considero que todos podemos aportar nuestro “granito de arena” contribuyendo a aplicar, divulgar y formar en una Psicología científica y de calidad. Pero el cambio va a ser difícil si no contamos con el respaldo y la iniciativa de nuestros representantes en el Colegio Oficial de la Psicología estatal así como en los Colegios autonómicos, seguidos por las Universidades. Debemos exigir una mayor responsabilidad a este tipo de figuras aunque esto les pueda situar en posiciones incómodas o menos ventajosas desde un punto de vista económico.

3 Creo que en la actualidad contamos con una importante baza a nuestro favor, si se utiliza bien, que son las redes sociales. A través de ellas es posible divulgar contenidos y llegar a más personas. También podemos compartir aportaciones, intereses, apoyos, formar alianzas y colaboraciones entre psicólogos que tenemos la misma forma de entender la Psicología. Actualmente vemos también cómo muchos estudiantes universitarios se forman a través de esta vía y esto les permite tener una visión más crítica de lo que aprenden en la Universidad. Creo que debemos ser inteligentes utilizando bien esta arma para dar a conocer nuestra disciplina y diferenciarla de la pseudopsicología.

También me parecería muy productivo promover encuentros, presenciales y virtuales, en los que se pueda debatir, compartir conocimientos, hacer propuestas, etc. destinados específicamente a aquellos psicólogos que entendemos la Psicología como una disciplina científica. En este sentido creo que debemos fomentar la cohesión, el diálogo y el debate (pues no olvidemos dentro de la pretendida Psicología científica hay un amplio abanico de planteamientos) con este conjunto de profesionales, y la disgregación de otras formas no científicas de entender la “psicología”.

Ψ  VICTORIA FERRER PÉREZ

Catedrática de Psicología Social de Género en la Universidad de las Islas Baleares

1 Sobre todo, la psicología no debería ser un “conjunto de recetas mágicas” ni para los problemas individuales ni para los problemas sociales. Entiendo que la psicología es una ciencia que tiene, a día de hoy, un corpus suficiente como para dar respuestas relevantes a muchos de esos problemas, pero tiene ni soluciones mágicas, ni recetas infalibles.

2 Creo que la psicología española tiene, en general, un muy buen nivel, tanto en el ámbito clínico y de intervención como en el ámbito más académico. En este último, que es el que más conozco, los/as psicólogos/as españoles/as están a un nivel similar al de cualquier de los países de nuestro entorno con investigaciones y publicaciones punteras.

Creo, sin embargo, que es necesario seguir trabajando para que la sociedad conozca mejor qué somos y qué hacemos los/as psicólogos/as, y para desmontar creencias erróneas al respecto. Es decir, me parece muy importante dar a conocer todos y cada uno de los campos en los que la psicología puede intervenir, y, al mismo tiempo, clarificar qué puede (y qué no puede) lograr un/a psicólogo/a.

3 Creo que los Colegios Oficiales de Psicología han hecho mucho para lograr esa cohesión e implicación y me parece importante que sigan por ese camino. Además, creo que el trabajo de colectivos o asociaciones científicas que trabajan por el avance de los diferentes ámbitos de la psicología es también muy importante en este sentido y debe continuar en la línea de potenciar y divulgar los que se hace desde esos ámbitos para darlo a conocer tanto a los/as profesionales como a la sociedad en su conjunto. Me refiero al papel de colectivo como la Sociedad Científica Española de Psicología Social, la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud, la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología, etc.

Ψ Mª Jesús Giménez Caimari.

Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en administración de empresas. Extensa trayectoria profesional centrada en el desarrollo humano. Experta en transformación y cambio. Formadora y Consultora de empresas y particulares.

1 No debería ser inspiración, experiencia personal o marco de referencia individual. No debería ser consejera, ni “facilitadora”, ni “acompañante”, ni testimonio vivencial. No debería ser nada que la aleje del rigor del estudio y conocimiento de los procesos del comportamiento humano, de la historia de aprendizaje de cada individuo y de la relación del mismo con su contexto.

2 Creo que la psicología padece una crisis de personalidad con buena dosis de dependencia emocional. Ha dejado que abusen de ella, de su atractivo natural. No se ha sabido posicionar, con una autoestima baja que le ha impedido creer lo suficiente en sí misma. Dejando de lado las diferencias entre corrientes psicológicas, ha mantenido en general una ética, convirtiéndose en blanco fácil del que aprovecharse por los que carecen de ella. Ha estado muy débil, vulnerable y, en cierto modo, lo suficientemente acomplejada como para nivelarse hacia abajo. Pero está saliendo de ahí.

Intervención: si no fuera porque odio la palabra diría que necesita “empoderarse”. Creer en sí misma, filtrar, quedarse con lo que la diferencia de la morralla que se le ha acercado y con lo que muchas veces se ha fusionado. Necesita crecerse sin complejos, salir al mundo con la cabeza bien alta, sin necesidad de venderse como lo que no es, sin necesidad de nivelarse hacia abajo. Y dejar de enfrentarnos los de dentro, que suficiente tenemos con los de fuera.

3 Lo primero, colegios profesionales implicados en defender la psicología como ciencia del comportamiento. Un colegio que dé la cara y defienda a los profesionales del comportamiento humano de todo el intrusismo que padece.

Ψ Laura Hernangómez Criado.

Psicóloga clínica, Unidad de Trastornos Alimentarios del Complejo Hospitalario de Toledo. Doctora por la Universidad Complutense de Madrid. Psicoterapeuta acreditada por la Asociación Española de Psicoterapias Cognitivas (ASEPCO)

1 Pretensión de explicar la conducta humana a través de una única variable explicativa (o un conjunto muy limitado de ellas) sin considerar la constante y compleja interacción de variables de diferente orden en el origen de la misma.  En el ámbito clínico:

– Teorías explicativas cerradas sobre lo que le sucede al paciente/cliente sin otorgar la posibilidad de hipótesis a las explicaciones que construimos.

– Consejos desde el rol de experto que sustituyan a la reflexión del propio paciente/cliente y generen dependencia en vez de autonomía/autodeterminación.

– Uso de la sugestión y la influencia emocional que sustituyan la toma de decisiones del propio paciente/cliente.

2 Diagnóstico: Disociación patológica casi constante entre ámbito universitario y ámbito clínico. Intervención: cauces de comunicación mutua: creación de plazas VINCULADAS (no las actuales de asociados que son  vergonzosas en condiciones de todo tipo) para que la praxis llegue a las aulas con más frecuencia, y formación, desde la aplicabilidad de las aportaciones de la investigación a la clínica, de la universidad a clínicos (empezando por los sistemas públicos). En resumen, ¡facilitar cauces de comunicación y aportaciones mutuas!

3 Facilitación de espacios de intervisión y cooperación mutua, pero el requisito previo sería considerar que todos podemos aprender del otro y no sé si eso es excesivamente idealista por mi parte…

Ψ Manuel Martín-Loeches

Catedrático de Psicobiología en la Universidad Complutense de Madrid y Responsable de la Sección de Neurociencia Cognitiva del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos.

1 Difícil pregunta, ya que la psicología tiene un alto nivel de competencias, al menos potenciales. En cualquier caso, y de manera general, lo que no debe ser es algo que ni sea serio ni que equivalga al simple sentido común, debe ser algo más. Si lo que hace o argumenta no está basado en la evidencia científica, entonces no es psicología.

2 Creo que en los últimos años (décadas) ha ido adquiriendo un importante papel en el ámbito sanitario, público y privado, y el reconocimiento de buena parte de la sociedad. No obstante, es muy proclive a que se considere, en ocasiones, charlatanería o mala ciencia, especialmente porque se hace pasar por psicología el trabajo de personas sin formación real y facultativa en la materia (p. ej., el ‘coaching’). Igual ocurre con la psicología psicoanalítica, que es una pseudociencia aunque se enseñe en facultades de psicología de otros países, otorgándose el título oficial de psicólogos a personas cuyos conocimientos ni son científicos ni están integrados con la realidad y los conocimientos actuales. La persistencia de la corriente psicoanalítica de manera oficial y en pleno siglo XXI es uno de los mayores estigmas de nuestra disciplina, y no es algo que ocurra sólo en España.

Yo creo que informar a la sociedad, en diversos medios, de estas circunstancias, de cómo se puede hacer pasar por psicología científica lo que no lo es en absoluto, sería una buena intervención. Se debería hacer de manera persistente y sistemática.

3 Creo que se están consiguiendo grandes avances en este sentido, de la mano de algunas iniciativas que tienen que ver con el fomento y la divulgación científica, Charlas divulgativas y, especialmente, programas de televisión y radio, o la aparición en prensa escrita, podrían ayudar mucho en este sentido. Pero donde tengan cabida todos, o cuantos más mejor, de los profesionales que realmente siguen una línea científica en la aplicación de la psicología, tanto del ámbito clínico como del académico. Y sin dogmatismos ni prejuicios gratuitos, con respeto.

Ψ Iban Onandia

Dr.(Neuro)Psicólogo clínico enamorado de la ciencia a tiempo parcial. Padre a tiempo completo. Profesor e investigador en mi tiempo libre. Una vez fui escritor.

1Sin duda alguna, una trinchera desde la que las diferentes corrientes bombardeen al resto de corrientes, como si cada uno desde su mínimo espacio tuviera el cáliz sagrado. A estas alturas, queda meridianamente claro que el ser humano requiere de un análisis complejo y multidisciplinario que engloba todos los niveles de análisis. Las personas de a pie así lo requieren, pero además es hacernos trampas al solitario pensar que esta gente se traga muchas de las cosas que vertimos contra el resto de las perspectivas. Sin duda, todas apuntan parte de la verdad, pero ninguna es LA VERDAD.

Además, debemos asumir nuestras limitaciones, como ya hacen otras disciplinas, sin acritud, pero también sin desánimo. Primero, porque sabemos que carecemos de capacidad de replicabilidad, o no al menos como pueden tener las “ciencias exactas”. Somos seres humanos, entes con una fuente de variabilidad casi infinita, con una tendencia a ser “tocados” y alterados por casi cualquier cosa (a menudo prácticamente intangible e inenarrable). Pero se ha entrado en una vorágine de devorar ciencia como si una indigestión supusiera una mejor gestión, cuando a menudo nos falta un gran reposo, una gran digestión.

La ciencia tiene no sólo el abstract como exponente máximo de su materialización, sino que la metodología es igual de importante: limitaciones que se han tenido, cómo se ha hecho, qué se ha controlado y qué no… Y sin toda esa información es como juzgar una noticia leyendo el titular: burdo y absurdo. Segundo, somos nosotros mismos auto-observándonos. Eso nos hace doblemente absurdos. Imaginemos por un momento que las hormigas pararan de trabajar en algún momento y designaran a 2-3 hormigas como ellas, más aleccionadas (por las propias hormigas) en conocimiento de hormigas. ¿Qué conclusiones sacarían? Pues seguro que, fuera lo que fuera, tuviera mucho contenido relacionado con las hormigas. Porque quitarse la perspectiva “hormiga” analizando “hormigas”, es un oxímoron. Pues similar pasa con el ser humano.

Recuerdo cierta vez hablando con mi hija de 3 años, absorta ella por la tele, que hablaba de marcianos. Termina la noticia y me dice: “Aita, si los marcianos son marcianos, ¿por qué se dibujan como humanos?” Si reflexionamos en torno a esta inocente pero certera idea, ¿y si el ser marciano no es precisamente un ser? ¿es etéreo? Pero es que, incluso etéreo, sigue siendo algo ya concretado y conceptualizado desde la perspectiva humana… ¡y así en un bucle sin fin! Partimos en desventaja de otras áreas donde analizan objetos “cuasi” objetivos…

Y por último, no somos seres algorítmicos (afortunada y desafortunadamente): si a Jesús con “x” patología le aplicas “y” intervención que la Revista “Q” ha dicho que a una muestra grande con “x” le ha funcionado, Jesús soluciona su problema. Ojalá… Así, “nuestra ciencia”, la psicológica, aporta conocimiento cualitativo sobre todo, pero siempre partiendo no sólo de las conclusiones/discusiones, sino sobre todo de la metodología, la cual nos aproxima (un poquito más, pero en una asíntota infinita) al conocimiento de la psique.

2 Claramente, esquizofrenia. No puede ser que tengamos No puede ser que diferentes profesionales den soluciones y diagnósticos diferentes de unas entidades similares. Probablemente, sean complementarios, probablemente ambas sean necesarias, pero es imposible que sean mutuamente excluyentes. Máxime cuando hablamos de entidades que de por si no son entidades cajón mutuamente excluyente. Por ello, debemos ser más humildes, bajar al barro, debatir nuestros conocimientos si hace falta, pero llegar a un consenso. No puede ser que haya evidencias más que constatadas y notables, y aún hoy se juegue a ideologizar la psicología; hace ya mucho tiempo que se escindió de la filosofía, ¡por algo será! Caminemos hacia delante, critiquemos (necesitamos mucha autocrítica, constante, en todo momento, en todos lados)… pero construyamos después. No podemos dar castillos derruidos a nuestros pacientes, y llevamos tiempo ofreciéndolos, y además cobrando por ello. Es más, mientras que vendemos castillos en ruinas, nuestros “competidores” venden palacios relucientes; se les caen después los cimientos, pero ya han hecho al menos más que nosotros: convencer al paciente de que puede cambiar, de que debe dar una oportunidad al espacio que nace entre la disfunción y lo ideal: la mejora.

Ahora, tal y como está de crítico el paciente “Psicología”, sólo cabe aplicar fármacos, esos que todo el mundo dice que son complemento a nuestro trabajo, pero que la realidad bien dice que suponen ya el amante aparentemente rico, inteligente y reputado de nuestra pareja. Para cuando lleguemos a darnos cuenta de que nuestro matrimonio está en juego, habrá varios vástagos, y no serán precisamente nuestros, como ya los hay (crisis del opio, de los países con más consumo de antidepresivos y ansiolíticos y un sinfín de tristes etcéteras).

Y recordemos que la policía ni está ni se le espera: se ha regulado la psicología para atizar a los psicólogos, no para que los que están fuera puedan ser atizados si incurren en el intrusismo o ponen en peligro la salud mental (que aunque no es tan tangible, es más que imprescindible e importante que la física) de la gente de a pie.

3 Debates interdisciplinares, creación de perspectivas integradoras (realmente integradoras) y una entidad representativa mucho más férrea y más basada en la evidencia. Hay miedo, y se entiende (“poderoso caballero”). Pero sucede como en general con toda la salud mental: ¿preferimos los psicofármacos que la terapia para una mejora a corto o lago plazo? Si ese es el modelo que queremos, adelante. Pero creo que no lo es… Ya está bien, también, de poner en medio la manida excusa de los recursos. En este país, como en nuestra sociedad, se han conseguido las cosas con una secuencia clara: trabajar, convencer y reclamar/pelear. Y en psicología, no existen primarios ni secundarios; todos somos importantes. Nadie se puede arrogar la capacidad de nada, porque si estamos en esto, es porque algo de valía tenemos. Debemos contar con todos y para todos. Si no, que cada uno haga su isla, declare su república psicológica y se dedique a, cartel en mano, vender su parte de verdad. A mí, desde luego, no me encontrarán en esa forma de hacer psicología…

Ψ José C. Perales

Catedrático de Psicología Básica en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada. Investigador de las bases comportamientales, cognitivas y psicobiológicas de los trastornos adictivos y, especialmente, del trastorno por juego de azar. 

1 La Psicología no debería ser un campo de batalla entre distintos paradigmas. De facto, la Psicología actual ya ha superado la era de los paradigmas. Lo que hay actualmente son múltiples perspectivas de investigación y modelos de fenómenos concretos que son integrables en el contexto general de la ciencia y otros que no. A pesar de la fragmentación, hay trabajos de Psicología cuya metodología y presupuestos les permiten aparecer publicados en revistas generalistas tanto de ciencias “naturales” como “sociales” (si es que esa distinción significa algo) o en revistas de otras disciplinas (como las de biología o economía). Al final, qué es o no ciencia no lo decide un filósofo desde una cátedra, usando principios universales, sino que se acaba decidiendo como resultado de un proceso social, y nunca de forma definitiva.

Por el momento, la Psicología carece de una teoría marco unificadora que haya generado un consenso unánime para integrar en ella los modelos y perspectivas de las que hablaba antes, ni es previsible que vaya a haberla pronto. Fruto de ello, tampoco hay un lenguaje común para toda la Psicología, lo que lleva a veces a los defensores de una aproximación a acusar a otras de falta de claridad conceptual. Sería absurdo pretender decdir qué es y qué no es ciencia solo en función de su adscripción a un programa concreto, sea cual sea su etiqueta.

2 Cualquier psicóloga o psicólogo en ejercicio debería saber hacer una lectura crítica de la evidencia científica relativa a los modelos y técnicas en su campo de ejercicio profesional. Todos y todas deberían ser conscientes de que la disciplina sufre una crisis importante de replicabilidad y de que ningún estudio aporta evidencia definitiva de prácticamente nada. Igualmente, debería entrenarse a los y las profesionales para ser autocríticos, saber reconocer los propios sesgos y ser conscientes de que la propia experiencia es una fuente de información poco fiable. Deberían, por tanto, establecerse itinerarios de formación obligatoria en ese sentido, que fueran más allá de la educación universitaria.

En paralelo, los responsables de la profesión psicológica deberían embarcarse (y financiar) proyectos ambiciosos que permitiesen evaluar el estado real de las distintas áreas de la Psicología en España y aceptar los resultados del mismo. Dichos proyectos deberían preguntarse hasta qué punto la Psicología está siendo eficaz, habiendo definido previamente qué se entiende por eficacia y cómo se va a medir usando criterios y niveles de trasparencia consensuados a priori.

Hoy por hoy, sólo tenemos declaraciones de principios a este respecto que, en la realidad, no se llevan a la práctica, lo que se traduce en que una gran parte del ejercicio profesional de la Psicología sea virtualmente acientífico. Creo que, en general, hemos puesto la defensa corporativa por delante del interés del usuario final y que algunos responsables de la misma están proyectando una imagen dulcificada que no se corresponde con la realidad.

3 Cohesión e implicación pueden ser otras formas de llamar al corporativismo. Por tanto, las iniciativas son en esencia las que he descrito en respuesta a la pregunta anterior, pero dudo mucho de que esas medidas susciten cohesión, al menos de forma inmediata. El diagnóstico y reconocimiento de los problemas de la Psicología, de hecho, no pasan tanto por la adhesión como por la autocrítica.

Ψ Marino Pérez Álvarez,

Catedrático de psicología de la Universidad de Oviedo

1No debiera ser la ciencia del cerebro y/o de la mente, neurociencia cognitiva o algo así. En general, la psicología como ciencia no debiera adoptar el modelo de ciencia natural, ni tampoco el método positivista a veces asumido como método científico, como si existiera un tal método cuya aplicación convirtiera una disciplina en ciencia natural. No hay ciencia sin método, pero lo que tampoco hay es el método científico.

2 Bueno, la psicología española sigue los estándares de la corriente principal de la psicología mundial, con su pluralidad de enfoques que también es algo general. En este sentido, la corriente principal adolece de un enfoque de ciencia positivista neurocéntrica que en clínica se traduce en un enfoque biomédico, en detrimento de un enfoque de ciencia humana centrada en la persona como ciencia de la conducta individual. Dentro de ello, enfatizaría como campo y contenido de la psicología el estudio del sujeto, la subjetividad y el comportamiento. La cuestión aquí sería no incurrir en un enfoque mentalista, dualista, mecanicista, cerebrocéntrico, sino en uno declaradamente fenomenológico, existencial, comportamental y contextual. Al fin y al cabo, estas adjetivaciones aluden cada una de ellas a un enfoque radicalmente adualista, donde se toma al sujeto como un todo en relación con el mundo como unidad funcional. Como enfoque científico, sería un enfoque de ciencia contextual que tendría a su vez en clínica un modelo contextual alternativo al modelo biomédico. La intervención a la que se refiere la pregunta empezaría a nivel académico con la inclusión de asignaturas sobre métodos cualitativos, ni que decir con sus estándares de sistematización y rigor. Una asignatura de filosofía de la ciencia sería higiénica. Los criterios para hacer los TFG, evaluar proyectos y preparar el examen de PIR no debieran estar únicamente apostados al método positivista y la práctica basada en-la-evidencia (típicamente, ensayos aleatorizados y meta-análisis).

3 Sin esperanzas de que algo de esto vaya a ocurrir, vendría bien un mayor esfuerzo por enfatizar afinidades entre los diferentes enfoques, supuesto que ninguno es estúpido. Esto no significa hacer una integración o macedonia de la psicología. La filosofía sería muy útil en la medida en que es una disciplina que puede discernir y coordinar conceptos e ideas, en la perspectiva de un mapamundi donde se vea la pluralidad de la psicología realmente existente, cómo y por qué es así, etc. El mayor frente de la psicología no está, en mi opinión, en el enfrentamiento de una psicología contra otra (sin menoscabo de lo útil que es), sino frente al modelo médico que impera en el campo de la salud. La psicología tendría que hacerse valer en sus propios términos, entiendo que contextuales, interpersonales, centrados en la persona, biográficos, comportamentales, sin mimetizar el modelo médico de síntomas, enfermedades, diagnósticos y mentes averiadas.

Ψ Eduardo Polín

Doctor en Psicología y actualmente profesor adjunto e investigador en la Universidad Europea de Madrid. También ejerzo como profesor-tutor en la UNED. Especializado en el Análisis Experimental del Comportamiento y en Análisis Conductual Aplicado. Cuenta además con formación como adiestrador canino y compagina su labor académica universitaria con su colaboración en este ámbito profesional a distintos niveles, especialmente a través de docencia para formar a profesionales del sector en materia de psicología del aprendizaje.

1 Antes de entrar en cuestiones relacionadas con lo más obvio, es decir, con la presencia de la pseudociencia o con las prácticas que no se basan en la evidencia científica, es importante señalar un aspecto, a menudo olvidado, que en mi opinión está detrás de muchos de los males que afectan a la disciplina: conviene no equiparar psicología a psicología clínica.

La primera es una ciencia.

La segunda es, o debería ser, una tecnología derivada de la primera. Y además hay que reivindicar que no es la única.

Porque otra de las cosas que la psicología no debería ser, como ciencia, es esa que estudia únicamente el comportamiento humano. La psicología, de hecho, es la ciencia que estudia el comportamiento. Así, sin apellido.

Por tanto, una de las cosas que no debería ser la psicología es una mera aplicación (y no por ello, evidentemente, quiero decir que no deban existir aplicaciones). Olvidar la vertiente básica de la ciencia psicológica es olvidar la esencia de la psicología. Implica, por desgracia, dar una imagen que no se corresponde con la realidad y que es, bajo mi punto de vista, profundamente dañina.

La psicología lidia con el comportamiento, probablemente uno de los objetos de estudio más complejos de cuantos conocemos hasta la fecha. Y, sin embargo, uno de los objetos de estudio que resultan más familiares para todas las personas. Incluidas las que son, en realidad, legas en la materia. Es crucial entender esto para distanciarnos del uso del lenguaje coloquial a la hora de hablar de psicología como ciencia. La búsqueda del orden en la conducta, y por tanto de las leyes que la rigen, no se ha producido gracias a elucubraciones o frases hechas. Se ha producido con el método científico. Tampoco el método científico se ha obtenido con elucubraciones o frases hechas. Se ha obtenido con epistemología y con filosofía rigurosa.

La psicología, como ciencia, tampoco debería materializarse en intentos de divulgación en términos extremadamente simplistas. Entiendo la delgada línea que separa a los siempre deseables intentos de hacer la ciencia accesible para todos los públicos y el hecho de caer en la deformación del conocimiento científico. Entiendo, también, la necesidad de mantener el equilibrio. Pero mi percepción es que casi siempre los esfuerzos van muy encaminados a rebajar el nivel del lenguaje y rara vez a que la información se transmita sin errores.

Sin perder de vista que es imprescindible intentar conectar con la sociedad, creo que hay que poner más esfuerzos en que nuestros mensajes lleguen de manera precisa poco a poco, aunque no lleguemos a todo el mundo a la vez, frente a que lleguen a todo el mundo pero distorsionados.

De este modo, quizá logremos que el mensaje que finalmente llegue al público no sea el de que la psicología no es más que una persona sentada en una consulta dispuesta a ayudar a los demás con sus problemas. Problemas que además tienden a ser conceptualizados de una forma muy ingenua y poco realista.

Porque todo el mundo puede subirse a ese carro, claro. O al menos aparentar haberse subido. Ahí están los psicoanalistas y ahí están los “coaches”.

La psicología como ciencia, por tanto, debe ser ni más ni menos que eso: psicología. Es decir, ciencia.

2 La mayoría de problemas de la psicología en España se construyen desde dentro de la disciplina. Y esto no podemos perderlo nunca de vista. En ocasiones esto sucede a través de malas praxis, como el apoyo (explícito o implícito) a pseudociencias en contextos de aplicación (p.ej. terapia psicológica y psicología organizacional) o en ámbitos de formación (p. ej. másteres y cursos).

 Tampoco ayuda la falta de ética que se manifiesta en las intervenciones “misterwonderfulianas” en medios de comunicación por parte de algunos/as profesionales. E incluso, tristemente, también hay mala praxis en el fomento del eclecticismo al que se somete a los/as estudiantes desde la propia universidad.

Otras veces, estos problemas se forjan desde las propias instituciones que teóricamente deberían velar por el correcto funcionamiento de la psicología, como por ejemplo el Colegio Oficial de la Psicología (COP). Sería hasta gracioso, si no fuera dramático, que mientras me encontraba redactando estas líneas he recibido, precisamente, un correo electrónico del COP ofertando cursos carentes de cualquier cosa que se le parezca al rigor científico. Por enésima vez.

No obstante, creo que existe una tercera pata que sujeta y da soporte al complejo entramado de problemas en el que a menudo está inmersa nuestra disciplina. Y en este caso es de carácter político y social.

El sistema actual favorece que la esencia de una ciencia como la psicología, especialmente sensible y vulnerable a factores culturales, se diluya a medida que los/as profesionales intentan desarrollar sus carreras.

El cuello de botella que se ha ido formando en los últimos años, con tantos jóvenes (y no tan jóvenes) pasando auténticas dificultades para encontrar un trabajo, viene en mi opinión en gran medida determinado por la rigidez de este sistema.

Un sistema que condena a la precariedad, que discrimina en función del estatus socioeconómico y que obliga a pasar por ciertos aros (como el Máster en Psicología General Sanitaria o el PIR), que además están mal construidos (o, al menos, que no son redondos), hace que las posibilidades de mejora se vean muy limitadas. Porque es un sistema que está dejando en un segundo (o tercer) plano el análisis crítico de las cosas y está mermando la capacidad de cambiarlas.

Hay muchísimo talento y profesionales con gran capacidad de solucionar algunos de los problemas de la psicología cuyas opciones reales de mostrarlo y llevarlo a cabo se ven disipadas porque están en otras cosas. Porque tienen que estar en otras cosas. Porque tienen que vivir.

Y es que no puede ser que, por ejemplo, la divulgación y la movilización queden reducidas al tiempo libre. Un tiempo que, por otra parte, normalmente brilla por su ausencia.

En este sentido, nos encontramos problemas similares en la carrera académica. Quienes apuestan por desarrollar una carrera docente e investigadora, pronto se ven atrapados en una espiral muy perversa a la que llaman “carrera de fondo”. Cuando, en realidad, su nombre debería ser “nadar contracorriente para no ahogarnos”.

Esto es extremadamente grave. Porque, en mi opinión, el núcleo duro del cambio debería pasar necesariamente por la universidad. Y, de nuevo, en la universidad se castiga sistemáticamente (y de maneras muy diversas) cualquier intento de cambio.

Se habla mucho de tender puentes entre los laboratorios, las consultas de psicología y la sociedad. Y apoyo la moción.

Se habla, sin embargo, muy poco de las condiciones necesarias para que eso pase. Y volvemos, otra vez, a la divulgación gratuita y durante el tiempo libre.

El análisis de todas estas contingencias, e incluso de las llamadas meta-contingencias, nos ayuda a entender gran parte de lo que está pasando. Ojalá también dé pie a encontrar soluciones.

Por último, porque no todo iba a ser malo, también me gustaría mencionar las buenas sensaciones que me transmiten parte de las nuevas generaciones de psicólogos/as. Creo que cada vez salen con mejor formación, con más conciencia social y con más ganas de hacer cosas. Y esto no es casual. Puede que, después de todo, algo estemos haciendo bien para que así sea.

Es tarea de todos los que de una manera u otra hacemos psicología, preparar el terreno para que estas nuevas generaciones tengan opciones reales de conectar con la sociedad. Es tarea de todos organizarnos como colectivo para que el talento no quede a la deriva y llegue a buen puerto. Sólo cuidando el presente la psicología podrá ocupar algo parecido al lugar que le corresponde en el futuro.

3 Creo que la clave está en generar alternativas para los profesionales y, muy especialmente, para los estudiantes. Y nuevos espacios de diálogo. En este sentido, las sociedades científicas pueden jugar un papel importante a través de la organización de eventos que sirvan como punto de encuentro de profesionales (y, sobre todo, estudiantes) interesados en temáticas determinadas. Aunque pertenezcan a ámbitos de la psicología diferentes. O mejor dicho, muy especialmente si es así.

Sería deseable, además, una colaboración fluida entre distintas sociedades para tratar de tender puentes entre la psicología básica y la psicología aplicada. Pero es fundamental que este tipo de acciones sean fácilmente accesibles para todos. Y a todos los niveles. Porque tengo la impresión de que, mientras los congresos sigan teniendo un coste de inscripción del orden de 300, 400 y 500 euros, aún estaremos muy lejos de conseguir cualquier objetivo que vaya en esta línea. La discriminación y la cohesión no suelen llevarse demasiado bien.

Por último, y por si hubiera alguien con interés por conocernos: todo lo que acabo de señalar son cosas que nosotros hacemos con frecuencia, y de forma bastante activa en la medida de nuestras posibilidades, a través de SAVECC (la Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento).

Por ejemplo, organizamos seminarios gratuitos sobre diferentes temas, abordados siempre desde el análisis de conducta. Y los solemos retransmitir por streaming a través de redes sociales. También organizamos congresos sobre análisis funcional del comportamiento de manera anual. Y la inscripción para estudiantes cuesta alrededor de 30 euros.

Gracias (entre otras cosas) a esta fórmula, en los últimos años hemos podido observar cómo cada vez somos más personas, y lo que es quizá más importante, estamos cada vez más cohesionados.

A la psicología, desde luego, le queda mucho trabajo por hacer, así como mucho camino por recorrer y mucho obstáculo que superar. Pero también es cierto, tal y como dejé caer en la pregunta anterior, que los estudiantes cada vez son más conscientes de la responsabilidad que deben adquirir de cara al futuro. Y muchos ya han aceptado el reto. Establezcamos las condiciones necesarias para que puedan conseguirlo.

Ψ Miriam Rocha Díaz.

Psicóloga General Sanitaria (PGS) en ITEMA y profesora del Máster de Terapia de Conducta de ITEMA y del Máster de PGS de la Universidad Europea de Madrid.

1 Para entender qué no debe ser “Psicología”, me permitiré recurrir a definir lo que es, o debería ser, Psicología. La Psicología es la disciplina que se ocupa del estudio científico del comportamiento humano, y lo que la convierte en científica es la existencia de unos principios de aprendizaje que han sido estudiados experimentalmente y en base a los cuáles se puede explicar el comportamiento humano en toda su amplitud: La conducta manifiesta (lo motor), la conducta encubierta (lo cognitivo) y las respuestas fisiológicas (las reacciones emocionales ante determinados estímulos). Estos principios de aprendizaje básicos son el condicionamiento operante y el condicionamiento clásico y nos permiten explicar desde las conductas más básicas a las más complejas. En base a dichos procesos de aprendizaje se han desarrollado técnicas de intervención en el ámbito aplicado, dirigidas a modificar comportamientos que no están resultando adaptativos o ventajosos para la persona, aunque en algún momento lo pudieron ser.

Dicho esto, no debería contemplarse como Psicología cualquier estudio o aplicación que tenga como objeto el comportamiento humano que no se fundamente en dichos procesos de aprendizaje, bien para explicar la conducta, bien para predecirla o intervenir en ella. Es decir, cualquier práctica psicológica que pretenda considerarse científica, debe fundamentarse en dichos principios científicos (los principios de aprendizaje) y tenerlos en cuenta o manipularlos de forma explícita y voluntaria. Y lo explícito y voluntario se hace muy relevante, pues dado que los principios de aprendizaje operan de forma natural en nuestro día a día, generando aprendizajes nuevos o modificando aprendizajes ya existentes sin que nos demos cuenta, un psicólogo científico debe diseñar de forma expresa la manipulación de estos principios de aprendizaje para conseguir los fines que pretende.

Si hablamos de un psicólogo clínico, tanto en su comportamiento en sesión, como en la elección de técnicas y procedimientos de intervención que implementará para originar los cambios deseados, debe tener claro de qué forma va a poner al servicio de su trabajo los procesos de condicionamiento clásico y operante. Aquí radica para mí la principal diferencia entre un ejercicio científico de la Psicología y uno no científico: La aplicación de forma voluntaria, planificada y estructurada de los principios de aprendizaje para estudiar, explicar, predecir y modificar cualquier dimensión de la conducta humana, entendiendo la conducta como la interacción de la persona con su entorno interno y externo.

Esto dejaría fuera de la Psicología corrientes que no se sustentan en teorías demostradas y técnicas y procedimientos cuya validez y eficacia no cuenta con apoyo.

2 Tenemos varios grandes problemas relacionados entre sí. El primero es la mala imagen con la que cuentan las corrientes científicas en psicología, sobre las que pesan muchos prejuicios y tópicos erróneos. Ello compite con lo atractivo y morboso de otras corrientes o prácticas con menor o nula fundamentación, pero que han sabido calar más en la población lega.

Aquí entraría el segundo de nuestros problemas: La mala labor de marketing o difusión que hemos hecho los psicólogos que nos consideramos científicos, pues los medios de comunicación están plagados de “no psicólogos” hablando de temas que corresponden a nuestra disciplina, o peor aún, de psicólogos que hablan de temas puramente psicológicos, sin la rigurosidad necesaria tanto en los términos como en las explicaciones, y frecuentemente, incluso desde un modelo que no corresponde a nuestra disciplina: desde el modelo médico. Este modelo implica situar las causas de la conducta en variables orgánicas y no en los procesos de aprendizaje que hemos dicho que eran el fundamento científico de nuestra disciplina. El problema es el enorme calado social que este tipo de explicaciones han alcanzado desde hace años, consolidándose progresivamente y por tanto, siendo cada vez más difícil desmontarlas y sustituirlas por otras explicaciones más ajustadas. En este punto, la mala estrategia de marketing no nos ayuda. Sería importante conseguir mayor difusión y divulgación de la psicología por parte de profesionales comprometidos con el ejercicio científico de la profesión.

Otro problema ya mencionado es el intrusismo y la proliferación de pseudoterapias, que no ayuda a ese trabajo de difusión de una práctica científica. Tengamos en cuenta que muchas de las personas que acuden a un “profesional” buscando solucionar algún problema relacionado con su conducta, no tiene por qué saber que en psicología existen diferentes corrientes (y no todas científicas) y que aquel profesional que les dice “poder solucionar su problema”, ni siquiera es psicólogo (y por tanto no tiene los conocimientos fundamentales sobre las bases del comportamiento). De esta manera ocurren dos cosas: 1) Las personas pueden acabar descontentas con la intervención y con una imagen deteriorada de la psicología (deteriorada pero injusta y sesgada) y 2) Las personas desarrollan una imagen alterada de lo que en realidad es psicología y desconociendo por completo sus bases científicas.

El último problema que me gustaría señalar (pese a que existen muchos más) es la escasa presencia en las Universidades de asignaturas y profesionales adscritos a corrientes científicas. Desde mi experiencia como docente, me encuentro con alumnos que dicen no haber tenido prácticamente contacto con corrientes científicas o a los que se les ha transmitido una imagen negativa de corrientes como, por ejemplo, el conductismo. Es preciso desmontar ciertos tópicos e ideas erróneas y fomentar la presencia de la psicología científica en las facultades.

Muchas veces somos los propios psicólogos los que tiramos piedras sobre nuestro propio tejado.

3 Enumero algunas: Existencia de un Colegio Profesional que defienda de verdad la práctica psicológica basada en la evidencia y tome medidas sobre todo aquel que no lo haga o ante el intrusismo.

– Organización de congresos, jornadas y encuentros entre profesionales que favorezcan la cohesión y comunicación entre nosotros. Pero es importante que no quede ahí, sino que sirva para organizar acciones concretas destinadas a dar a conocer a la población y difundir una visión de la psicología más científica. De no ser así corremos el riesgo de seguir quedándonos en nuestro “Gueto”.

– Tratar de hacer muy bien nuestro trabajo. Podemos pensar que esto tiene muy corto alcance pero nuestro contexto de trabajo (con nuestros clientes y alumnos) es lo que podemos controlar. Es ahí donde podemos empezar a sembrar “semillas” y difundir una visión de la psicología más científica. Con total probabilidad (y así lo he comprobado), esas personas y alumnos hablarán a su vez a sus entornos desde una perspectiva de la psicología más ajustada y rigurosa… y así sucesivamente.

– El uso de los medios de comunicación es otra pieza clave. Debemos hacer por llegar a lugares desde los que obtener mayor difusión de nuestra disciplina, ocupando el lugar que ahora tienen otros. 

– Entre nosotros debemos ser capaces de organizarnos cuando sea preciso por defender nuestra disciplina y nuestros derechos.

– Hacer difusión a través de cuentas en las redes sociales y a través de la organización de charlas y eventos de divulgación sobre temas de interés relacionados con la psicología y abordados desde un punto de vista científico. Estos pueden estar dirigidos tanto a profesionales como al público general, como medida para ir acercando otra visión de la psicología más rigurosa.

Ψ Monika Salgueiro

Psicóloga de formación. Doctora en Neurociencias. Combina la labor asistencial como psicóloga sanitaria con la carrera académica. Profesora en la facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco UPV/EHU

1 La Psicología, en su definición más amplia y general, es la ciencia que estudia el comportamiento y los procesos mentales de los seres humanos; se interesa por la conducta, las relaciones de la persona con el entorno, el aprendizaje, la personalidad, la percepción, las emociones, el funcionamiento cognitivo… podríamos decir que abarca todos los aspectos de la experiencia humana.

No obstante, muy a menudo se confunde esta enorme diversidad de la disciplina con el “todo vale”, y perdemos de vista el concepto raíz: ciencia. Que la psicología sea una ciencia quiere decir que se vale de métodos objetivos, contrastados y verificables para observar, estudiar, investigar, interpretar y explicar el comportamiento humano.

¿Qué no debería ser? No debería ser un cajón de sastre en el que cualquier práctica no contrastada que se disfrace de terapéutica vale. No debería ser un coladero para charlatanes y curanderos. No debería ser un negocio con el lucro como único objetivo. No debería ser una herramienta utilizada como espectáculo televisivo. No debería ser cuestión de fe, ni dar pie a que alguien sostenga “no creer en la psicología”. No debería ser lo que, en muchas ocasiones, es.

2 Debo reconocer que soy poco positiva en este sentido. A pesar de que en las últimas dos décadas se han impulsado varias iniciativas y se han tomado medidas para regular el ejercicio de nuestra profesión, lo cierto es que, en la práctica, la situación actual sigue siendo muy mejorable.

Ya desde el período formativo, en las Universidades, es notable la falta de cohesión interna que sufre la psicología. Llama la atención que, aun hablando de una ciencia, el programa formativo y los contenidos que reciben los estudiantes de psicología dependa, en gran medida, del marco teórico imperante en la universidad o de las preferencias personales del profesor de turno. Además, en los últimos años, estamos viviendo un auténtico boom de universidades privadas de nueva creación, que ofertan formación de Grado y postgrados varios en psicología, en algunos casos de muy dudosa calidad y rigor. Esto, además de devaluar notablemente la propia titulación, también contribuye a la precarización de la profesión, debido a la enorme cantidad de nuevos egresados en psicología que cada año tratan de incorporarse a un mercado laboral incapaz de absorber tal volumen.

Por otro lado, tengo la sensación de que en muchas ocasiones somos los propios psicólogos los que echamos piedras sobre nuestro tejado. No es difícil encontrar en redes sociales, por ejemplo, discusiones entre psicólogos clínicos (PIR) y sanitarios, acusándose unos a otros de sobrepasarse en sus funciones, de ser demasiado pretenciosos, o de querer llevar a cabo tareas para las que no tienen formación específica suficiente. Desde fuera, a pie de calle, esta situación es vista con desconfianza y contribuye a mantener la imagen de una psicología débil, fragmentada y sin base sólida.

3 Uno de los temas pendientes, y yo diría urgente, es el posicionamiento real de los órganos que disponemos para proteger a la psicología. Hablo del Consejo General de la Psicología en España, y de los diferentes Colegios Oficiales provinciales.

Sobre el papel, estas entidades tienen como fin último velar por el correcto ejercicio de la profesión, y protegerla frente al intrusismo, la mala praxis u otras amenazas a las que se enfrente. No obstante, cada día vemos una realidad diferente, incluso contraria, y es frecuente que el mismo Colegio que debiera exigir una práctica rigurosa de la psicología en cumplimiento del Código Deontológico a todos sus colegiados, a la vez, oferte formaciones, cursos y actividades de prácticas pseudocientíficas y “mágicas” disfrazadas de psicología, llámese bioneuroemoción, constelaciones familiares, programación neurolingüística, terapia cráneo-sacral o flores de Bach.

Como psicóloga colegiada me indigna comprobar que una de las pocas tareas que lleva a cabo el COP con firmeza es el cobro puntual de la cuota colegial.

Ψ Alexandra Vázquez

Licenciada en Psicología por la UAM (2007) y Doctora en Psicología por la UNED (2012). Actualmente profesora titular en el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la UNED. Investiga procesos intra e intergrupales, entre ellos, la fusión de la identidad y su vinculación con el comportamiento extremo, la acción colectiva y distintos tipos de prejuicio.

1 La Psicología debe estar al servicio del bienestar individual y colectivo. Resulta un tanto preocupante el auge de ciertas corrientes dentro de la Psicología relacionadas con la autoayuda, el coaching y la manoseada felicidad. Esos enfoques generan cuantiosos ingresos en ventas de libros y manuales, pero hacen un flaco favor a la sociedad al atribuir a razones personales problemas que, en realidad, tienen un origen social. El individualismo propio de la sociedad contemporánea, la desigualdad económica rampante y la precariedad laboral tienen consecuencias muy perniciosas para las personas y para las comunidades. La Psicología, como ciencia, tiene el deber de denunciar esas consecuencias y proponer soluciones, con independencia o, si es necesario, en contra de las exigencias del mercado.

2 En general, creo que la evolución de la profesión es positiva. La consideración social de la Psicología ha mejorado sustancialmente y la sociedad reconoce la necesidad de atender a la salud mental. Las opciones profesionales de los psicólogos se han ampliado e, incluso, la propia administración demanda la incorporación de psicólogos en distintas áreas de intervención. Por otra parte, creo que la investigación científica en Psicología ha mejorado en los últimos años. Cada vez son más los grupos que hacen investigación de calidad y que exportan sus resultados fuera de nuestras fronteras.

Pese a la evolución positiva, creo que la profesión se enfrenta a varias amenazas. En primer lugar, creo que hay una excesiva individuación y patologización de los problemas mentales. Tendemos a olvidar o, al menos, a menospreciar la importancia del contexto social y económico sobre el bienestar. El aumento de los problemas de ansiedad y depresión responden en buena medida a la precarización del mercado laboral y al adelgazamiento del estado del bienestar, que están generando altos niveles de desigualdad. Sin embargo, en vez de señalar los efectos perniciosos de la desigualdad, a menudo ponemos el foco en las personas, como si hubiera alguna debilidad en ellas que les impidiera estar a la altura de las circunstancias.

Ya en el ámbito de la investigación, me preocupa la enorme presión que sufren los profesores e investigadores por publicar en revistas de impacto. Está bien establecer unos criterios para conceder financiación, pero me temo que esos criterios tienen más que ver con la cantidad que con la calidad de las publicaciones. No se entra a evaluar la contribución científica y social de las investigaciones, sino cuántas publicaciones tienes y en qué revistas están. Si no publicas lo suficiente, no puedes conseguir financiación y, si no consigues financiación, no puedes investigar. Esto puede llevar a los investigadores a centrarse en temas que son más “publicables”, dejando de lado cuestiones relevantes.

3 Creo que habría que hacer una diferenciación entre las distintas áreas de la psicología. Todo es susceptible de mejorar, pero, por ejemplo, áreas como la psicología clínica o la organizacional gozan de buena salud. La psicología social, sin embargo, es desconocida para el gran público. Parte de la culpa es nuestra, por habernos centrado demasiado en los procesos cognitivos, de corte individual, y haber descuidado el estudio de problemas macrosociales. Por ejemplo, los psicólogos sociales tienen mucho que decir en cuanto al escepticismo ante el cambio climático o la reducción de la desigualdad de género. En el futuro, deberíamos realizar un mayor esfuerzo para trasladar a la sociedad lo que encontramos en el laboratorio y dedicar más atención a los problemas reales de la gente y de la sociedad.

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