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BIZNAGA ENTREVISTA DIAGNÓSTICO CULTURA

(c) Íñigo de Amescua

Biznaga: de no-lugar en no-lugar.

Biznaga ejecuta con Gran Pantalla uno de los discos de rock más sólidos e interesantes del panorama nacional de los últimos años y que nos insufla la esperanza de que podemos seguir creyendo en la música de guitarras.

Somos etiquetas, somos contenido / El mito de Narciso con espejos de bolsillo / Y vídeos, vídeos, vídeos seguidos / De signos, signos dando sentido / A un bucle infinito / Maquillar la terrible agonía con filtros.

Así termina 2k20, una elocuente declaración de intenciones de Biznaga, cuarteto afincado en Madrid y que ha ejecutado con Gran Pantalla uno de los discos de rock más sólidos e interesantes del panorama nacional de los últimos años y que nos insufla la esperanza de que podemos seguir creyendo en la música de guitarras. Un disco conceptual armado de sentido que nos confronta con la presencia constante de un capitalismo virtual y que desprende potencia crítica en cada golpe de guitarra. Letras que desenmascaran con acierto la cruda realidad de las pantallas y la obsesión enfermiza por las nuevas tecnologías.

Hemos charlado con ellos. No olviden darle al play.

‘El algoritmo tiene todas las respuestas’. Puesto que las nuevas tecnologías no son neutrales, ¿no nos estará alejando de las respuestas realmente importantes?

Los algoritmos se basan en métodos inductivos. Extraen conclusiones sobre nosotros a través del rastreo de clicks o el historial de búsquedas. Establecen conjeturas que les permiten etiquetarnos de la manera más exacta posible, para sugerirnos la respuesta más adecuada en cada caso, según la categoría o segmento social al que pertenezcamos. Lo llaman personalización y aspira a anticipar lo que es ‘realmente importante’ para nosotros, antes incluso que nosotros mismos lo sepamos. Da miedo, ¿no?

Los aspectos más íntimos de nuestra individualidad, los únicos sobre los que aún teníamos control, los estamos intercambiando por acceso a contenidos de entretenimiento e información convenientemente algoritmizada.

Sorprende gratamente la unidad temática de vuestro disco Gran Pantalla como un relato que nos confronta muy certeramente con la actualidad. ¿Os planteasteis desde el principio esa unidad o es algo que fue surgiendo?

La búsqueda de una unidad temática fue un objetivo premeditado. Sin embargo, la dialéctica que la expresa, fue desarollándose y articulándose a través de las canciones de forma desigual, siguiendo criterios discursivos que iban surgiendo, motivados por la necesidad de exponer aspectos esenciales para el ethos tecnológico como la transparencia, la conectividad, la personalización etc, que hicieran más completa la idea que impulsaba el disco.

En los últimos tiempos, esta dictadura del pensamiento positivo se ha enfatizado a través de los discursos neoliberales del rendimiento, la productividad y la potencia como vías para la realización personal, encontrando un canal idóneo en las redes sociales y la proliferación de apps hasta para llevar el control del número de mocos que te sacas.

Escribís: ‘Maquillar la terrible agonía con filtros’. ¿De qué os parece un síntoma que hayamos normalizado tan rápido esa nueva práctica?

Es la base de la cultura o la tradición misma: la construcción de relatos y significados compartidos que nos permitan dar al mundo sensible un sentido común y nos protejan del vacío de la locura.

Algunos os llamarán pesimistas, nosotros os vemos como incisivos narradores de un cuadro clínico social que si no se aborda con perspectiva crítica acaba desencadenando multitud de ‘patologías’. ¿Por qué creéis que el pensamiento positivo vende tanto?

Por lo que decía en la pregunta anterior, por esa desesperada necesidad cultural de creer en algo. En los últimos tiempos, esta dictadura del pensamiento positivo se ha enfatizado a través de los discursos neoliberales del rendimiento, la productividad y la potencia como vías para la realización personal, encontrando un canal idóneo en las redes sociales y la proliferación de apps hasta para llevar el control del número de mocos que te sacas.

La pantalla me capturó/La pantalla me destruyó. ¿Estamos perdiendo el control de nuestras vidas?

Sin duda es un momento crítico. Los aspectos más íntimos de nuestra individualidad, los únicos sobre los que aún teníamos control, los estamos intercambiando por acceso a contenidos de entretenimiento e información convenientemente algoritmizada.

¿Puede resituarnos la música en una ‘realidad más real’ que haga de contrapeso a la distorsión virtual?

El arte puede producir espejismos, sensaciones que permitan intuir que otros mundos son posibles, el problema es que el arte ha sido fagocitado por su canal emisor: la pantalla. Por ello, conviene repensar el concepto de ‘realidad’, que aparece actualmente vaciado de significado. Ya existe una ‘realidad más real’, que es la que se nos propone a través del uso de una tecnología cada vez más sensible: experiencias donde todo es estético y funcional, donde la resistencia, la anomalía y, en definitiva, la negatividad han sido eliminadas.

¿Hay verdadera conciencia social en la música o el postureo la está debilitando?

Hay de las dos, y a veces son hasta compatibles, siendo difícil discernir donde acaba lo uno y empieza lo otro. Esto se ve potenciado por la acción mediatizadora del ente ubicuo a través del cual sucede, o tenemos noticia que sucede, todo ahora.

El arte puede producir espejismos, sensaciones que permitan intuir que otros mundos son posibles, el problema es que el arte ha sido fagocitado por su canal emisor: la pantalla.

Actualmente, ¿se puede vivir exclusivamente de la música manteniendo la ética?

¡Uf! os lo diré cuando lleguemos a eso, por el momento no estamos ahí. Hasta ahora hemos intentado hacer las cosas de forma consensuada y congruente con nuestras ideas, pero a la vez, siendo conscientes de que funcionar totalmente libres de contradicción es, en ocasiones, incompatible con la supervivencia.

¿Qué conclusiones generales sacáis del comportamiento de los políticos españoles durante el estado de alarma?

Teniendo en cuenta que trabajan con las herramientas del mismo sistema que nos ha llevado a este estado, supongo que hacen lo que pueden, que nunca será suficientemente bueno, pero sí podría ser considerablemente peor.

Conviene repensar el concepto de ‘realidad’, que aparece actualmente vaciado de significado.

Si la pantalla es el nuevo dios, ¿hay alguna forma de herejía que pueda llevarse a cabo realmente?

No aspiramos a una arcadia ludita, para nada es nuestro rollo, vaya eso por delante. Bastaría con tratar de preservar, en la medida de lo posible, el control sobre nuestra individualidad, no permitiendo que la lógica biocapitalista digital se perpetúe en los aspectos más íntimos de nuestra persona o en las relaciones con el entorno.

De no-lugar en no-lugar/Siempre en transitoriedad.¿Dónde iremos a parar yendo de ningún lugar a ningún lugar?

A morir sin haber vivido.

¿Nos cambiará en algo el Covid19?

Sin duda.’La nueva normalidad’ provocará una nostalgia de la antigua, cuya inercia depredadora nos condujo a este colapso. Es cuestión de tiempo que todo vuelva a esa normalidad, la antigua y depredadora y, por supuesto, más colapsos vendrán.

¿Seguís pensando que no somos pesimistas?

Y para finalizar os pedimos un clásico de nuestras entrevistas. Recomendad a nuestros lectores: 3 libros, 3 películas y 3 canciones.

Que sean cuatro de cada (una por cada miembro del grupo)

Álvaro: ‘Agujero Negro’ de Charles Burns, ‘Alien, el Octavo Pasajero’ de Ridley Scott y ‘Enamorados de Varsovia’ de Ilegales.

Jorge: ‘Teenage’ de Jon Savage, ‘El Futuro’ de Luis López Carrasco, ‘Heroes’ de Bowie.

Milki: ‘Tres Momentos de una Vida’ de Herman Hesse, ‘Rockers’ de Theodoros Bafaloukos e ‘Ylayali’ de Los Claveles.

Pablo: ‘A Esmorga’ de Eduardo Blanco Amor, ‘Atrapado por su Pasado’ de Brian de Palma y ‘It’s the end of the world as we know it’ de R.E.M.

Puedes comprar el vinilo de Biznaga aquí

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