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Ramón Nogueras: «La pseudociencia es dogmática, no cambia sus puntos de vista con la evidencia»

Hablamos con Ramón Nogueras de su libro Por qué creemos en mierdas, en el que analiza con precisión por qué casi todo lo que creemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos está basado en multitud de errores.

Ramón Nogueras es un psicólogo granadino afincado en Barcelona, profesor, divulgador y autor del blog Sesgo de confirmación. En su primer libro Por qué creemos en mierdas (Editorial Kailas) analiza con precisión por qué casi todo lo que creemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos está basado en multitud de errores. Una propuesta certera y sugerente que escarba minuciosamente en algunos de los sesgos cognitivos más habituales. Texto necesario para reflexionar sobre estos tiempos masificados de vendehúmos, pseudociencias, fake news y toneladas de posverdad.

Así en general. ¿Y si de repente dejásemos todos de creer masivamente en mierdas?

Imposible, del todo. No podemos dejar de ver patrones y de aferrarnos a nuestras creencias. Eso sí, podemos vigilarnos mejor.

¿De las disonancias cognitivas también se sale?

Sí, aunque es muy difícil y antes o después se recae. Danny Kahneman decía que él no se lo había quitado todo después de 45 años estudiando estos fenómenos, pero quizá podemos estar un poco más alerta.

Escribía León Tolstoi que «Los temas más difíciles pueden explicarse al hombre más torpe si no se ha formado ya una idea de ellos; pero la cosa más sencilla no puede aclararse al hombre más inteligente si está firmemente persuadido de que ya sabe, sin ninguna sombra de duda, lo que se le presenta». ¿Por qué seguimos pensando que las creencias irracionales son menos habituales en las personas más inteligentes?

Porque seguimos pensando en términos de racionalidad, y las personas más inteligentes a menudo puntúan mejor en tareas de lógica. Pero la realidad es que esa es una habilidad que no pertenece al día a día: las personas más inteligentes puntúan mejor en lógica porque están haciendo una tarea donde se les demanda eso y tienen quizá mejor capacidad, pero en el día a día tú no estás siendo examinado.

Como bien analizas en el libro tiene más impacto lo que apela a la emoción que a los hechos objetivos. En un estado de las cosas de máxima incertidumbre y múltiples vulnerabilidades no faltará la aparición de nuevos profesionales de la mentira dispuestos a aprovecharse del prójimo. Una tormenta perfecta para la proliferación de pseudociencias y en la que los gurús ya calientan para salir a rematar. ¿A qué señales de alarma debe estar atenta la gente para sospechar que está delante de un vendehúmos dispuesto a aprovecharse de su situación?

Una cosa que separa a la ciencia de la basura es que la ciencia tiene pocas certezas, y lo que se sabe se revisa. Precisamente una cosa que se ha criticado en esta situación es que se han modificado posturas como, por ejemplo, si es bueno o no usar mascarillas. Y se tiene que entender que las recomendaciones sanitarias se han ido ajustando a la evidencia que ha ido apareciendo, y que eso es el funcionamiento normal y deseable de la ciencia.

La pseudociencia es dogmática, no cambia sus puntos de vista con la evidencia. Además, pretende siempre ser universal (los tratamientos magufos siempre valen para todo, sobre todo los que argumentan que las enfermedades tienen un origen emocional), y nunca se basa en evidencia revisada por pares, nunca explica sus métodos, más allá de presentar casos anecdóticos.

Por tanto, si algo parece demasiado bueno, hay que ser cauto. Si alguien afirma tener todas las respuestas, hay que ser cauto. Si alguien no explica bien cómo sabe lo que dice saber, hay que ser cauto.

Una cosa que separa a la ciencia de la basura es que la ciencia tiene pocas certezas, y lo que se sabe se revisa.

Afirmas que «Nuestra conducta en las redes, como todas nuestras conductas, está guiada por sus consecuencias». ¿De qué manera puede ser twitter una herramienta útil para el conocimiento del comportamiento humano?

Twitter es tan útil como cualquier herramienta, porque la conducta humana siempre se puede analizar en base a los antecedentes y consecuentes de la misma. Esto es, ¿qué eventos señalan el inicio de un comportamiento y qué estímulos o consecuencias lo refuerzan, lo mantienen o lo reducen?

En las redes sociales el principal reforzador es la atención de otros, lo cual explica muy bien por qué los titulares se redactan como se redactan y por qué los mensajes que tienen más difusión son los más bochornosos y ultrajantes. Porque es la moneda de cambio, es lo que obtenemos de esa conducta.

Silenciar a un troll es extinguir su conducta.

También es interesante analizar por qué los memes se han vuelto tan prevalentes (procesamos de un modo menos profundo la información en imágenes que el texto), y cómo la evolución del diseño de los interfaces se ha orientado a que dar feedback social y compartir información sea un proceso con cada vez menos fricción, menos reflexivo, más automático.

«Solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente». El economista Milton Friedman describía así la táctica del capitalismo contemporáneo. Sabemos que el neoliberalismo es capaz de imponer su relato de manera efectista inhibiendo del debate público las demás opciones. ¿Ves posible que esta crisis pueda ser utilizada (más aún) como excusa para usar la estrategia de la doctrina del shock triturando derechos ya conquistados?

Es que ya se está usando, y ya se ha usado. No es que lo vea posible. Es que está pasando.

Las universidades y los programas universitarios deben purgar toda pseudociencia y práctica no avalada por la evidencia, así como tópicos e ideas de pata de banco como que la psicología conductual ha desaparecido y está “superada”, lo que mierda sea eso.

Escribes que «Estamos mal informados tanto por cómo pensamos como por lo que los medios nos cuentan. Los medios no nos dicen qué debemos pensar, pero sí nos dicen qué es importante. Marcan la agenda del día». En la actualidad internacional, ¿quiénes estarían marcando esa agenda? ¿Quiénes son los dueños de los elefantes que intentan que miremos?

Simplemente basta con mirar los propietarios de los medios. En general, es respuesta suficiente.

Mediante la técnica de la ventana de Overton una idea considerada inicialmente inaceptable puede pasar al terreno de lo debatible cuando se van presentando estratégicamente opiniones más radicales. ¿Qué creencias irracionales explota más la ultraderecha para avanzar posiciones y ganar partidarios?

La ultraderecha explota sobre todo, como bien explica Bobby Duffy, lo malo que somos con las estadísticas y la fuerza del heurístico de disponibilidad. Por ejemplo, tendemos a sobreestimar enormemente el porcentaje de población inmigrante en nuestro país. O musulmanes. O la tasa de paro, o la delincuencia. Todo ello son asuntos muy emocionales que ellos explotan, y que la gente está predispuesta a creer.

El escritor canadiense Nick Srnicek (Capitalismo de plataformas) lanzaba lo siguiente: «Me pregunto cuánta gente a favor de la necesidad de libre expresión y debate racional ha bloqueado y silenciado trolls». ¿Te parecen respetables todas la opiniones?

No. Me parece respetable el derecho de las personas a emitir opiniones, y lo defiendo. Pero no todas las opiniones son igual de válidas según el asunto del que tratan, ni nadie tiene por qué escuchar o leer a uno que no tiene más objeto que tocar los cojones. Silenciar a un troll es extinguir su conducta.

Los negacionistas de la pandemia y los antivacunas son un grave problema de salud pública y una amenaza latente de difícil reversión. Asumiendo que la confrontación discursiva con ellos es una guerra prácticamente pérdida da antemano, ¿de qué manera podemos evitar que aumente la propagación efectiva de esas creencias en capas más amplias de la población?

Presentando información veraz que venga de fuentes de autoridad solvente, y no dando altavoz en los medios a esta gente. Con lo cual estamos ampliamente jodidos, porque los medios tienen todos los incentivos para hacer exactamente eso. Como dice Bobby Duffy, los medios nos influyen tanto como nosotros a ellos y tenemos los medios que nos merecemos.

Los colegios profesionales son escudo y refugio de toda clase de chamanes, magufos y mamarrachos, y no hacen el menor esfuerzo por defender el prestigio ni la utilidad de nuestra profesión, vendiendo y avalando ellos mismos prácticas pseudocientíficas de todo tipo.

Hace unos meses preguntábamos a varios compañeros psicólogos sobre el diagnóstico de la psicología española, ¿cuál sería el tuyo?

Que la ciencia de la conducta es una disciplina fascinante, y que como profesión estamos muy jodidos y tenemos una ardua pelea para rehabilitarnos. Y esta rehabilitación tiene que venir desde el principio, desde las universidades y los programas universitarios, que deben purgar toda pseudociencia y práctica no avalada por la evidencia, así como tópicos e ideas de pata de banco como que la psicología conductual ha desaparecido y está “superada”, lo que mierda sea eso.

Y luego a los colegios profesionales, que son escudo y refugio de toda clase de chamanes, magufos y mamarrachos, y que no hacen el menor esfuerzo por defender el prestigio ni la utilidad de nuestra profesión, vendiendo y avalando ellos mismos prácticas pseudocientíficas de todo tipo.

*Bonus track: Tres libros, tres canciones y tres películas que te gustaría recomendar.

Procesos psicológicos Básicos de Vicente Pérez y otros, El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, y Dune de Frank Herbert.

Enjoy the silence de Depeche Mode, Bohemian Rhapsody de Queen, y Highway Star de Deep Purple.

Drácula de Coppola, Conan el Bárbaro de John Milius, y The Gentlemen de Guy Ritchie.

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