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Suso Saiz: «La música creada libre y honestamente está siempre comprometida»

Suso Sáiz es un arqueólogo del sonido, un creador de atmósferas sonoras únicas y un ingobernable obrero de la música. Alguien honesto que respeta profundamente lo que hace. En definitiva, un tótem necesario en estos tiempos de banalidad y ruido.

El curriculum de Suso Saiz es inabarcable. Este excepcional músico, compositor, productor… lleva más de cuatro décadas dedicadas por entero a la música. Con más de 20 discos publicados y cientos de producciones realizadas, ha formado parte de grupos como La orquesta de las Nubes, Suspended Memories o Esclarecidos y ha producido trabajos para artistas como Iván Ferreiro, Los Planetas, Luis Eduardo Aute, Luz Casal, Christina Rosenvinge, Diego Vasallo, Pablo Guerrero, Duncan Dhu o Celtas Cortos…

Suso Saiz es un arqueólogo del sonido, un creador de atmósferas sonoras únicas y un ingobernable obrero de la música. Alguien honesto que respeta profundamente lo que hace. En definitiva, un tótem necesario en estos tiempos de banalidad y ruido.

En estos tiempos de implacable monotonía neoliberal probablemente recrudecida por la irrupción del COVID, ¿se podrá vivir de la música manteniendo los principios?

Desgraciadamente, nunca ha sido fácil. Vivir de la música manteniendo principios de libertad y honestidad ha sido siempre tarea complicada.

En las últimas décadas todo ha ido empeorando. Primero fue Internet y su acceso “gratuito” a los contenidos, que debilitó a la industria y por extensión a los músicos que, aunque veían que su popularidad y la transmisión de su obra corría por las redes, dejaron de recibir compensación alguna.

Vivir de la música manteniendo principios de libertad y honestidad ha sido siempre tarea complicada.

Después vino la crisis financiera que empobreció a la clase que todavía pagaba algo por ella, rebajando los salarios a niveles paupérrimos, haciendo ya imposible para la generalidad de los músicos sobrevivir de su trabajo como tales.

Finalmente, como puntilla torera, llegó el COVID19, anulando no sólo la posibilidad de tener una remuneración digna sino imposibilitando la acción pública de la música. Realmente, después de esta descripción no sé si echarme a llorar ó saltar de alegría por la suerte que he tenido por poder sobrevivir “de momento” a esta debacle.

¿Se vislumbran nuevos escenarios de iniciativas musicales adaptadas cuyo objetivo sea amortiguar el impacto de esta nueva realidad?

Dado lo imprevisto de la hecatombe que nos ha llegado, todavía no hay reacciones consolidadas. De momento hay gente voluntariosa que está intentando desarrollar vías, como medio de subsistencia, para que la música y sus creadores no desaparezcan

En la sociedad contemporánea. ¿Está en horas bajas el compromiso de la sociedad con la música?

Creo que el consumo de música y el interés de la sociedad por ella no sólo no está en horas bajas sino que sinceramente creo que vivimos uno de los momentos en los que la música goza de mayor atención e interés. El problema, como ya hemos hablado, es que las generaciones que alimentan este interés han crecido en un mundo en crisis, en el que la gratuidad de la música se ha entendido como parte de su esencia.

¿Y del mundo de la música con la sociedad?

Creo que eso es imposible.

La música creada libre y honestamente está siempre comprometida.

El desarrollo profundo y riguroso de las ideas requiere tiempo, tranquilidad vital (economía) y medios para experimentar. Todo ello es imposible en la España actual.

¿Cuál es tu diagnóstico del estado de la música española actual?

Lo extendería a toda la cultura en general. Creo que la precariedad de la que hablábamos impide a los jóvenes creadores desarrollarse, robustecerse expresivamente y los empuja al amateurismo.

El desarrollo profundo y riguroso de las ideas requiere tiempo, tranquilidad vital (economía) y medios para experimentar. Todo ello es imposible en la España actual y por esto el nivel general, salvo honrosísimas excepciones, de la cultura creada actualmente en España y en el resto del mundo, tiende a la mediocridad. Las ideas para desarrollarse fuertes y sanas necesitan del apoyo. Un artista sin horizonte difícilmente pule su lenguaje, lima sus errores, reduce sus vanidades y trabaja con tesón y tranquiliad.

La precariedad impide a los jóvenes creadores desarrollarse, robustecerse expresivamente y los empuja al amateurismo.

El éxito no deja de ser una construcción social. Fernando Fernán Gómez decía que: «El éxito y el fracaso no son hechos sino sensaciones». ¿Cuál es tu idea del éxito?

Distingo entre dos tipos de éxito: el éxito popular que desde mi visión es un éxito otorgado. Considero el éxito como si fuese una corporación que ofrece un contrato con sus condiciones y estipulaciones que has de cumplir religiosamente. Este es un éxito muy valorado socialmente, que esclaviza a quien recibe la oferta y la acepta.

Creo sinceramente en la música como fuente de conocimiento.

Después está el éxito personal. Cuando uno mismo lo siente a cada paso dado, a cada idea madurada, a cada gesto pulido, a cada conclusión. Es un éxito necesario para la creación porque sin esa sensación es imposible evolucionar. Aunque el fracaso muscula y perfecciona la creatividad, la sensación de conseguir tus fines aunque sea momentánea es necesaria.

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El crítico cultural Mark Fisher prestaba una especial atención a la cultura musical pues para él la música era ‘el lugar donde los principales síntomas de malestar cultural pueden detectarse’. ¿Qué dirías al respecto?

Estoy totalmente de acuerdo. Creo que el análisis de la música creada en un momento define con bastante precisión a éste. Esa disparidad de estilos, intenciones, timbres y propuestas hace que todas ellas sumadas contengan descripciones bastante precisas de la sociedad y su conocimiento. Creo sinceramente en la música como fuente de conocimiento.

¿Crees que la precariedad podría ser un determinante decisivo del abandono de una vocación artística?

Totalmente. Si no de la vocación sí de la posibilidad de realizar esos sueños vocacionales. Insisto que cualquier obra es irrealizable a tiempo parcial, necesita de todas tus dudas y certezas con absoluta devoción.

Un artista que no evoluciona se convierte en un onanista adorador de sí mismo.

Hace años comentabas en una entrevista. «Con el paso del tiempo, mis gustos y mis intereses no solo no se reducen sino que aumentan cada día». ¿En qué medida son la curiosidad y el gusto por la experimentación elementos necesarios para alguien que se dedica a la creación?

Sin esas ganas de conocer, tu obra se va haciendo más vacía y carente de sentido. Esteticismo. Y sin la experimentación tu obra se repite pieza a pieza, se muere porque desaparece la evolución. Un artista que no evoluciona se convierte en un onanista adorador de sí mismo.

¿Qué nos puedes contar de proyectos que te gustaría llevar a cabo en el futuro?

Mi proyecto fundamental, para el que trabajo día a día,es mantener mi curiosidad y mi gusto por la experimentación en estos tiempos con tan incierto horizonte, de esperanza devastada y de ética frágil y cambiante.

Mantener mis oídos abiertos y receptivos. El timbre y el sonido son el alimento de la música.

Ahora estoy en pleno proceso de grabación de un nuevo disco que confío salga a principios de 2021. Es un trabajo en el que hablo de la realidad-no realidad, en el que he profundizado sobre lo que yo llamo el sonido polimorfo: un mismo evento sonoro analizado desde sensibilidades y perspectivas diferentes, generando así otras realidades sonoras.

Y para acabar, recomiéndanos 3 libros, 3 películas y 3 canciones que te hayan influido.

Recomiendo la lectura de cualquiera de los libros del pensador coreano Byung-Chul Han.

Ver “2001 Odisea del Espacio” de Stanley Kubrick y escuchar “Música para 18 músicos” de Steve Reich.

Mi proyecto fundamental, para el que trabajo día a día, es mantener mi curiosidad y mi gusto por la experimentación en estos tiempos con tan incierto horizonte, de esperanza devastada y de ética frágil y cambiante.

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